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sábado, 10 de septiembre de 2016

DESCUBRIENDO EL MANGO

Este verano, entre chapuzón y chapuzón en las fresquitas aguas del mar de Alborán, hemos visitado una finca dedicada a la producción de fruta tropical. Ya sé que conviene desconectar, pero oportunidades como esta no se presentan todos los días, y como dice la frase atribuida a Confucio "Elige un trabajo que ames y nunca tendrás que trabajar un día en tu vida".

Así que de la mano de Borja, de Huerta Tropical visitamos la finca de Germán, un agricultor que ha apostado por hacer las cosas de una manera diferente, buscando las mejores variedades y asegurándose que los frutos se recogen en el mejor momento.

Los mangos son los frutos suculentos del árbol Mangifera indica, pariente lejano del pistacho y del anacardo. Fuente: www.mango.org
 
¿Y dónde es eso?

Pues en la Costa tropical: un enclave privilegiado a orillas del Mar Mediterráneo, al abrigo de los viento del norte gracias a Sierra Nevada y la Sierra de Lújar, pero expuesta a los vientos que vienen del norte de África. Se forma así un microclima subtropical, con más de 300 días de sol al año y una temperaturas media anual de 20ºC. Los inviernos son suaves (10-15ºC), pero lo suficientemente marcados para que se estimule la floración de los árboles de manera natural.

La costa Tropical se extiende desde el municipio granadino de Motril hasta la Axarquía malagueña. Abarca entre otros municipios a Salobreña, Almuñécar, Jete, Nerja y Vélez-Málaga.

Todo esto hace de la Costa Tropical la zona con mayor latitud del mundo en la que se dan cultivos tropicales. El mango, el aguacate, la chirimoya son los cultivos más importantes y conocidos, aunque se están introduciendo poco a poco otras frutas tropicales más exóticas: guayabas, litchis, pitahaya, carambola o kumquat. Incluso se está intentando recuperar el cultivo ancestral de caña de azúcar.


La finca de Germán

Una bonita finca con vistas al Mediterráneo.
 
En su finca tiene 7.500 árboles, mangos y aguacates principalmente, y unas cuantas chirimoyas. Los riega por goteo, con el agua almacenada en un gran depósito situado en la parte alta de la finca. Al igual que muchos otros agricultores de la zona, obtendría mucho más rendimiento si pudiera disponer del agua embalsada unos kilómetros más arriba, en la presa de Rules (dentro del óvalo rojo en el mapita de arriba), pero a sus promotores se les "olvidó" el pequeño detalle de construir las conducciones para distribuir el agua allí donde era necesaria.


Los mangos jóvenes deben esperar tres o cuatro años para entrar en producción, que es cuando el árbol tiene el vigor suficiente para aguantar el peso de los frutos. Las flores o frutos que produzca antes se eliminan.

En la zona, la práctica habitual de muchos agricultores es "poner mango"; esto implica plantar una sola variedad que se dé bien, y vender toda la cosecha de una sola vez a un intermediario. Se acuerda un día para recoger la fruta, y se cosecha toda, independientemente del grado de madurez de los frutos. Según cómo se hayan recogido, los mangos se venderán inmediatamente o se almacenarán para ir suministrando al mercado.

¿Sabías que el mango es un fruto climatérico que puede madurar fuera del árbol, por lo que puede recolectarse verde?

Germán, sin embargo, cultiva cinco variedades de mango de las treinta comerciales que existen. Cada una con sus características propias y unos periodos de maduración algo distintos. De esta manera, respetando las fechas de recogida óptimas para cada variedad de mango consigue abarcar toda la temporada, obteniendo más variedad de frutos, en su estado óptimo de madurez, con un punto excelente de textura, color y sobre todo de sabor.

Este es el aspecto de un árbol de mango, con sus frutos, todavía inmaduros, colgando.

Para conseguir esto a Germán no le queda otra que pasearse una y otra vez entre los árboles, buscando los frutos listos para recoger. Esto supone buscarse otra manera de vender su producción, y aquí es donde entran por ejemplo Huerta Tropical o Trops, que apuestan por comercializar una fruta de calidad.



Trampa casera con cebo comercial para la mosca de la fruta. No es una plaga temible, pero si fastidiosa.


Algunas variedades de mango


Bonita foto de algunas variedades de mango. El más amarillento se llama "Ataulfo" y es mexicano. Fuente: www.mango.org.

En la finca vimos árboles y frutos de las siguientes las variedades, cada una con su gracia particular:

El Irwin es la más delicada y cotizada por los amantes del mango, no sólo por su sabor y texturas excelentes, sino porque desde el punto de vista agronómico son los más delicados y los menos productivos, ¿por qué siempre pasa lo mismo con las cosas ricas de comer?. Por ejemplo, un árbol de esta variedad puede dar de cero, si cero, a 20 o 30 kg de fruta, mientras que el Osteen, una variedad "standard" produce unos 100 kg de mango por árbol (aunque también influye el agua que reciba). Es también la más temprana, está lista desde finales de agosto hasta octubre. Sus frutos tienen otra particularidad, son los únicos que maduran por entero en el árbol, no pueden cogerse antes si se quiere aprovechar todas sus cualidades. 

Los Irwin en su hábitat original son mucho más grandes, pero en la finca de Germán son los chiquitines de la familia. Al terminar la visita nos obsequiaron con varios "abortos de mango" de esta variedad que estaban para chuparse los dedos, de hecho, se consideran una "delicatessen".

Justo a la vez madura el Tommy Atkins, el hermano pobre de la familia en cuanto a sabor y textura (es el más fibroso). Sin embargo es la variedad que mejor se adapta al entorno y la más resistente a enfermedades. El fruto es menos vulnerable a los golpes y magulladuras que pueda recibir en su camino al supermercado y es el que aguanta un periodo más largo de conservación; motivos suficientes para ser la variedad más cultivada y por tanto la más común en los mercados.

El mango Osteen, citado anteriormente es otra variedad común, de sabor dulce y algo ácido, que madura entre septiembre y noviembre. Al igual que la variedad Kent, que si embargo posee una carne dulce y desprende un aroma afrutado.

Por último tenemos al mango Keitt, uno de los más tardíos, ya que puede disfrutarse desde finales de octubre hasta mediados de diciembre. y tiene un sabor característicamente ácido y menos dulce que otras variedades, apreciado sobre todo en la gastronomía oriental.
    
Cómo distinguir un mango maduro utilizando los sentidos

Germán nos dio una clase práctica para aprender a reconocer un mango maduro.
 
Vista: Un mango en su punto no es aplanado sino más bien regordete, muestra puntitos en la superficie de la piel y una especie de "hombros" alrededor del pedúnculo donde se une a la planta.

Mangos maduros en el suelo, presumiblemente Tommy Atkins. Los mangos en el árbol presentan de manera natural una capa blanquecina (pruina), que a menudo no se observa en mangos ya procesados para que brillen en el puesto de venta. Ah, y se recogen con pedúnculo para evitar que el látex que desprenden estropee el fruto.

El color, sin embargo, no nos sirve para nada, salvo que seamos expertos o nos llevemos la chuleta al mercado, ya que cada variedad cambia de color en la madurez a su manera.

Tacto: debe ceder ligeramente al presionar con los dedos.

Olfato: desprende un claro aroma afrutado en la zona del pedúnculo.

Bueno, esto es todo de momento. Ya prácticamente ha comenzado la temporada del mango, y después de lo que he aprendido no será raro verme investigar las cajas en la sección de frutas, intentando encontrar la variedad y origen de los mangos. Aunque sea solo por curiosidad, porque me da a mi que lo mejor y lo más práctico será recurrir a los especialistas en estas frutas que las venden por Internet. 

Borja, de Huerta Tropical, nos enseñó las cajas que utiliza para enviar la fruta a sus clientes. Las frutas tropicales suelen ser muy delicadas, y algunas emiten tanto etileno al madurar que no solo se estropea su aspecto, sino ¡¡ hasta el de la caja de cartón !!. Por esta razón tiene más agujeros que las cajas del supermercado normales.



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lunes, 1 de febrero de 2016

SEMANA VERDE 2016: ¿QUÉ ES LO QUE COME EL MUNDO?



Aquí os dejo la segunda entrega de la crónica de la presente edición de la Semana Verde, que tanto en fotos como en contenido ha quedado mucho más "sustanciosa".


Bodegón de familia con la compra de la semana


Como ya os comenté, la ausencia de Rusia dejó muchos espacios libres en la feria.  En uno de ellos había una exhibición de fotografías que enseguida me llamó la atención: familias de diversos países posando rodeados de toda la comida que consumen a lo largo de una semana. Las imágenes iban acompañadas por diversos datos estadísticos que las complementaban: presupuesto semanal en comida (de 0,8€ en Chad a los 375€ de Alemania), porcentaje de alimentos despilfarrados, porcentajes de población obesa o que pasa hambre, etc.

Las fotos formaban parte de una exposición ofrecida por el Ministerio de Cooperación alemán basado en el proyecto "Hungry Planet: What the World Eats" ("Planeta hambriento: Lo que come el mundo"). Se trata de un libro, obra del fotógrafo Peter Menzel y la escritora Faith D’Aluisio, que muestra cómo se alimentan 30 familias en 24 países de todos los continentes; una detallada investigación sobre lo que come la gente alrededor del mundo, acompañada por unas fotografías que dan mucho que pensar. Os recomiendo que miréis las fotos, pinchando en la página de Peter Menzel, no tienen desperdicio.

En esta foto de una familia estadounidense se pueden contar con los dedos de la mano los alimentos frescos. Fuente de todas las fotos:El aderezo (imposible compartirlas desde la fuente original).


En esta foto de una familia en un campo de refugiados en Chad prácticamente se pueden contar con los dedos todos los alimentos disponibles.


La dieta de la familia mexicana estaría muy bien si no fuera por las doce, si doce, botellas de refrescos que aparecen al fondo. Y es que en México tienen un problema importante con las enfermedades derivadas de su consumo excesivo.


Estas imágenes muestran claramente cómo a mayor "desarrollo" mayor cantidad de alimento y más proporción de estos procesados/empaquetados. Incluso, si me apuras, es significativa la proporción entre alimentos de origen vegetal (verduras, frutas, legumbres, cereales) y de origen animal (carne y pescado).

Lo gracioso del tema es que, de alguna manera, algunas de las impresiones que pude sacar viendo las fotos también están presentes en la feria, como ya comenté el año pasado al comparar los stand de Estados Unidos y Uzbequistan.


El campo y la ciudad: ¿condenados a vivir de espaldas?


Y estaba yo el sábado por la mañana, entretenida en buscar explicaciones y teorías a lo que veía en esas fotos cuando me acordé que justo en ese momento en otro lugar de la feria (bastante apartado) estaban teniendo lugar las discusiones del Octavo Foro Global para la Alimentación y la Agricultura, con un lema muy interesante: "Cómo alimentar nuestras ciudades: agricultura y áreas rurales en la era de la urbanización".


Y es que cerca de la mitad de la población mundial vive ya en áreas urbanas y según las previsiones de las Naciones Unidas, para el 2050 la proporción subirá al 70%. Esas personas necesitarán alojamiento, agua, energía, educación, servicios sanitarios, empleo...y comer a diario, pero ¿cómo se podrá asegurar el suministro de comida suficiente, adecuada y segura?, y ¿qué papel jugarán la agricultura y las zonas rurales en este nuevo escenario?.


A mí, la pregunta que me surge es: tanto ahora como en el futuro hay que alimentar a todo el mundo, pero...¿en base a qué modelo alimentario?.


Hay ciudades, especialmente en países en desarrollo, que se enfrentan con dificultades para asegurar un acceso regular y adecuado a todos sus habitantes, problema que se agudizará según vaya aumentando el número de personas que llegan a la ciudades huyendo del hambre, aunque realmente la traen consigo. Hay sin embargo otros países en los que el problema es justo el contrario, la obesidad, en parte por la superabundancia de alimento y porque aunque suele existir una oferta saludable y suficiente, esta no siempre se escoge por diversos motivos.


Centrándonos en nuestro entorno, el gran problema que le veo a las ciudades es que, además de imponer un estilo de vida que ayuda poco a llevar una vida saludable, provoca a una especie de "desconexión" total de sus habitantes con el campo. Me explico:

A menudo veo las ciudades como un ente bulímico: día tras día llega comida procedente de campos y mares para abastecer mercados y grandes superficies. Una parte se consume, pero un porcentaje importante se desperdicia, como ya conté en esta entrada


Otra serie de imágenes muy sugerente la encontré en este concurso de caricaturas expuesto en la feria.  "Schnäppchen" de Marlen Hacker. Fuente: http://www.ovid-verband.de/wettbewerb/

Esa gran demanda diaria de alimento no se podría satisfacer sin recurrir a sistemas de producción intensivos, algo que recordó el mismo ministro de agricultura alemán, Christian Schmidt. Para muestra, un botón: en la tercera semana de enero, pasaron por Mercamadrid casi dos millones de kilos de carne fresca (canales de cerdo, pollo, vacuno y ovino) y todavía habría que añadir la carne procesada.  


El modelo de alimentación que llevamos en países desarrollados implica que los alimentos : tienen que estar disponibles durante todo el año, suelen sufrir un almacenamiento o transporte durante periodos de tiempo variables, y están sujetos a criterios de calidad sanitarios y estéticos. Así, una cadena importante de supermercados puede rechazar por ejemplo una partida de tomates porque superen aunque sea por milésimas un umbral de pesticidas que ellos mismos han fijado (normalmente más exigente aún que los estándares oficiales) o que no superen el calibre o el aspecto perfecto requeridos para ser comercializados. Del sabor directamente nos olvidamos, se perdió en el camino.


La consecuencia es evidente: los habitantes de las ciudades tienen una percepción irreal de cómo se producen los alimentos, y de lo que cuesta producirlos. Esa falta de información por una parte origina los mitos alimentarios muy difíciles de combatir y por otra lleva a exigirle a los alimentos abundancia, salubridad, sabor, perfección y bajo precio, todo a la vez pero sin estar dispuestos a salir del modelo alimentario actual.

A menudo, una imagen vale más que mil palabras. Esta fue la ganadora del concurso de caricaturas.

Y mientras, esa misma mañana de sábado, como todos los años coincidiendo con la Semana Verde,  una manifestación recorría las calles de Berlín en favor de la producción ecológica como alternativa a la producción intensiva. Producción que la gente asocia habitualmente con el uso excesivo de fertilizantes químicos y de pesticidas, trato inhumano a los animales de las granjas industriales, el uso excesivo de antibióticos y de pienso con OGM.

Mein preis = mi precio. Fuente: Jane Craigie (Thank you!!!).

Me hizo gracia pensar que lo que se discute en esas reuniones de ministros y en paneles de expertos (cuyas conclusiones, al parecer, se exponen en las reuniones del G20 y G8), las distintas realidades geoeconómicas y geopolíticas de los países y lo que pide la gente de la calle, van por caminos completamente distintos y cada vez más divergentes. 

Fuente: Jane Craigie.
 
Pero conviene ser positivo y quedarse con las buenas ideas. Una de las opciones que se contemplaron en el Foro fue la reverdización de la ciudad y el desarrollo de canales cortos de comercialización que den posibilidades de negocio a los habitantes del campo, particularmente a los más cercanos a las ciudades. En este punto, apostar por una agricultura y ganadería a pequeña escala, ecológica o no, cercana a los entornos urbanos me parece una solución muy interesante: el ciudadano medio podrá descubrir lo que cuesta cultivar y mantener lechugas durante todo el año, por ejemplo, pero también descubrirá su verdadero sabor, algo más amargo de lo acostumbrado, y lo mismo hasta se le hace "raro". 

Huerto urbano en Hortaleza. Los huertos urbanos posiblemente no solucionen el hambre de alimentos, pero si ayuden a saciar la necesidad de contacto con esa imprevisible naturaleza que nos da de comer (y con otras personas, añadiría).   



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