Mostrando entradas con la etiqueta ciencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciencia. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de noviembre de 2020

EL IMPACTO DE LOS ORGANISMOS TRANSGÉNICOS EN EL MEDIO AMBIENTE. ¿QUÉ SABEMOS?

 A menudo surgen noticias que empiezan por "un estudio" o contienen la palabra "científicos", como si ya solo con mencionarlos se mostrara una verdad verdadera e intocable. Y muy a menudo, dichas noticias ignoran que los autores de dichos "estudios" apuntan a la necesidad de investigar más sobre el tema; que lo que dicen es una sospecha, una hipótesis, una idea sobre la que trabajar. Así funciona y así avanza la ciencia.


¿Y a cuento de qué viene este rollo? Pues que voy a empezar esta entrada haciéndome "spoiler", así, directamente. La conclusión a casi cualquier planteamiento acerca del impacto de los OGM en el medio ambiente es "hace falta investigar más y hacer un seguimiento de lo que pasa". Pero si os interesa conocer por dónde van los tiros y de una manera lo más imparcial posible, os animo a seguir leyendo esta entrada, que he organizado en cuatro ideas principales.

 

¿Sabías que en 2015 se cultivaron a escala global 53.6 millones de hectáreas de maíz genéticamente modificado, lo cual representa algo menos de un tercio del maíz cultivado en el mundo?. Fuente: Albrecht Fietz en Pixabay

Idea nº1: Se han identificado efectos, directos e indirectos, derivados del uso de cultivos modificados genéticamente.

Comencemos por efectos directos, que aquí está el meollo de la cuestión.  

El que primero viene a la cabeza por la propia naturaleza de los OGM es la transferencia de genes "extraños" (es raro que aparezca de manera espontánea el gen de una bacteria en una planta) a parientes silvestres o a otros cultivos convencionales. Considerando que, durante milenios, especies silvestres y cultivadas han compartido genes, es razonable pensar que pase lo mismo con los cultivos transgénicos. Y efectivamente así ocurre, pero la posibilidad de que esto ocurra dependerá de la tendencia de los diferentes cultivos a compartir genes y de que haya cerca parientes silvestres sexualmente compatibles.  


Algunos rasgos transgénicos típicos - resistencia a plagas o enfermedades, a herbicidas, a sequía o salinidad - a priori podrían proporcionarle al nuevo organismo híbrido transgénico/silvestre una ventaja competitiva sobre la población silvestre. En este documento de la FAO de 2004 (puede parecer antiguo, pero los transgénicos se comenzaron a utilizar en los años 90) se afirmaba que hasta aquel momento había pocas pruebas de que eso ocurriera o que tuviera consecuencias ambientales. Pero claro, estamos en 2020, lo que podría considerarse el largo plazo. Según este documento de 2015, elaborado por un centro noruego de investigación en bioseguridad, las cosas no están tan claras, hay muchas lagunas de conocimiento y faltan datos.

 

Esta hierba, Alloteropsis semialata, roba ADN a sus vecinos, entre ellos cultivos de arroz y maíz. Aquí puedes descubrir más, y aquí el artículo científico original. Fuente: Marjorie Lundgren

Si aún se carece de datos sobre la idoneidad del uso transgénicos sencillitos para evaluar su riesgo ambiental, como para atreverse con los "multistack" (a los que se le han añadido varios transgenes). La falta de datos hace difícil evaluar el nivel de expresión de proteínas u otros productos en los organismos multitransgénicas. Además, tampoco se comprende con suficiente profundidad la complejidad de los ecosistemas ni cómo los factores ambientales pueden afectar a la expresión de estos transgenes.

 

Visto a corto plazo, es evidente que si un cultivo transgénico resistente a herbicidas va regalando ese preciado gen a hierbas silvestres vecinas, va a causar seguro quebraderos de cabeza a los agricultores. A menudo se ha argumentado que ese gen (u otros que solo interesen al hombre) son a priori inocuos desde el punto de vista ambiental. Un híbrido resistente a un herbicida concreto sólo será competitivo en presencia de ese herbicida. Pero, ¿qué puede ocurrir con los híbridos resistentes a plagas o a estrés ambiental si cambian las condiciones ambientales? Considerando que los efectos del cambio climático son cada vez más evidentes, ¿podrían convertirse estos híbridos en plantas invasoras?. Desde luego que esto no sería nada positivo para la diversidad biológica. En fin, bienvenidos a la incertidumbre.

El segundo efecto directo que también preocupa es el impacto que puedan tener algunos rasgos en especies no objetivo. El ejemplo más habitual son las toxinas Bt (procedentes del Bacillus thurigiensis) que ayudan a combatir varias especies de insectos que a menudo se convierten en plaga. El problema es que ya se han observado efectos indeseados sobre especies inofensivas para los cultivos que además sugieren que estas toxinas posiblemente sean menos específicas de lo que se dijo en su momento. 

El desconocimiento sobre el alcance de estos efectos indeseados de la toxina Bt puede deberse a dos causas: en primer lugar que las pruebas de seguridad se hacen con toxinas producidas por las propias bacterias, no con la que fabrica la propia planta y en segundo lugar, que es posible que dicha toxina actúe de otras maneras; pero, de nuevo, apenas hay estudios que ofrezcan información al respecto.  

 

Así que la primera lección aprendida es que hace falta elaborar mejores métodos para estudios ecológicos sobre el terreno, para saber con exactitud lo que ocurre cuando el gen se expresa digamos "en la vida real"

 

Durante un tiempo se acusó a los cultivos de maíz transgénico del declive de la mariposa monarca, en base a un artículo sobre un estudio de laboratorio difícilmente extrapolable a lo que ocurría en el campo. Puedes encontrar más información aquí. Fuente: Kenneth Dwain Harrelson, CC BY-SA 3.0, 

Vista la incertidumbre sobre el impacto de este efecto directo, los científicos consideran necesario evaluar los efectos ambientales caso por caso y recomiendan hacer un seguimiento ecológico para detectar efectos no previstos. Que realmente esto se haga hoy en día de manera sistemática, sinceramente, tengo serias dudas.
 

 

Idea nº2: Los efectos indirectos están ligados a las prácticas agrícolas que se lleven a cabo. Y no tienen por qué ser necesariamente malos o peores que cultivos convencionales.

 

El impacto dependerá en muchos casos del tipo de cultivo y de las prácticas agrícolas que se lleven a cabo. En general, los partidarios los cultivos genéticamente modificados suelen argumentar que su uso permite llevar a cabo prácticas agrícolas más sostenibles: principalmente menos aplicaciones de productos fitosanitarios y menos laboreo del suelo. De hecho, el documento de la FAO antes mencionado señalaba que el empleo de cultivos transgénicos Bt está reduciendo el volumen y la frecuencia del empleo de insecticidas en maíz, algodón y soja. Esta reducción obviamente beneficia a la biodiversidad dentro del cultivo GM, frente a uno convencional en el que es posible que se utilicen fitosanitarios de amplio espectro (muy poco selectivos a la hora de matar bichos, dicho en castellano). Pero nadie asegura al propietario de un cultivo OGM que aparezca otra plaga a la que su cultivo está indefenso que le obligue a aplicar otro producto fitosanitario. 

 

Respecto al empleo de herbicidas, se ha producido un cambio notable, ya que ahora utilizan herbicidas menos tóxicos, pero en mayor cantidad. La preocupación principal es cómo puede afectar este aumento a la biodiversidad de los ecosistemas agrarios. El problema es que no resulta sencillo evaluar los efectos ambientales del uso de plantas transgénicas tolerantes a herbicidas y faltan datos relativos a la acumulación de herbicidas en estas plantas.  

 

Por último, no deberíamos olvidarnos de los nuevos cultivos capaces de tolerar situaciones de estrés ambiental como sequía o suelos con demasiada sal o aluminio. Estas nuevas generaciones de OGM podrían ser tremendamente útiles en la adaptación de la agricultura frente a los efectos del cambio climático. Además permitirían cultivar suelos baldíos, lo cual puede ser beneficioso o perjudicial para el medio ambiente según el cultivo, el rasgo y el ambiente. De nuevo estaríamos ante un asunto que depende más del ser humano que si el cultivo es OGM o no. 


 

Los invernaderos en Almería por ejemplo han permitido obtener tremendas cosechas de hortalizas (ninguna OGM, por cierto) en una zona originalmente árida y de suelos pobres y salinos, donde cultivar cualquier cosa era toda una proeza. Para sus habitantes humanos ha sido un logro económico y social importantísimo, pero las diversas especies que formaban parte de la comunidad de matorrales halófilos mediterráneos y termoatlánticos (Sarcocornetea fructicosae) que crecían en torno a las lagunas de la albufera de Adra han corrido peor suerte. Gracias a la Directiva Habitats y a la declaración de una reserva natural se libraron por los pelos de ser literalmente engullidos por los invernaderos. Entonces ¿es bueno o malo poder cultivar en cualquier lado?, ahí os dejo el debate. Fuente: Comunidad Rediam

 

Idea nº 3. Los animales transgénicos están más controlados. 

 

En primer lugar, no se cría ganado transgénico para producir alimentos, salvo, que yo conozca, el salmon Aquabounty aprobado recientemente para su consumo en EEUU y Canadá.

Lógicamente lo que más preocupa es que estos animales se escapen, pero dado que los pocos animales de granja transgénicos que existen (criados con fines médicos) son muy valiosos, se mantienen en entornos muy controlados.

Sin embargo, en el caso de los salmones de acuicultura criados en jaulas situadas en mar abierto la probabilidad de que escaparan no era nada desdeñable. Para evitar cualquier problema, el salmón transgénico ha tardado nada menos que 31 años en salir al mercado desde que se concibió. Este salmón es más grande que sus congéneres silvestres porque está creciendo y engordando prácticamente durante todo el año, ya que se ha alterado la expresión del gen de la hormona de crecimiento de manera que esté activo cuando hace frío. Entre todas las medidas que se han tomado posiblemente la más efectiva es que los salmones son estériles.

No se trata de una especie doméstica, y a ojos del ser humano lo único que produce son molestias pero...¿qué opinas de soltar mosquitos transgénicos para combatir la malaria? Sólo se liberan machos que duran vivos un suspiro, pero lo suficiente para controlar las poblaciones. Más información en esta entrada. Fuente de la foto: ECDC
 

 

Idea nº 4: Una cosa es identificar impactos y otra muy distinta es constatar que existen. Y ver cómo evolucionan. 

Para garantizar la inocuidad de los alimentos producidos por organismos transgénicos existen procedimientos ya establecidos y un foro mundial impulsado por la Comisión del Codex Alimentarius FAO/OMS donde se elaboran las directrices de inocuidad sobre alimentos en general y transgénicos en particular. Por la cuenta que les trae a empresas desarrolladoras y a gobiernos.
 

Sin embargo no hay directrices ni normas acordadas a nivel internacional para evaluar el impacto ambiental de los organismos transgénicos. Y claro, es difícil llegar a conclusiones claras cuando, a la hora de hacer un seguimiento posterior al uso de OGM, no está del todo claro, qué y cómo medir, con qué se compara y qué esfuerzo se va a hacer en investigar la existencia (o no) de dichos efectos.
 

La cuestión de la comparación no es baladí. No es lo mismo comparar un cultivo OGM con los actuales sistemas agrícolas que con datos ecológicos de referencia (por ejemplo de un ecosistema silvestre vecino). Y es que la agricultura, como actividad que se realiza en el medio físico, tiene un impacto mayor a nivel general que lo que pueda suponer pasar de cultivos convencionales a transgénicos. La clave está, de nuevo, en las prácticas agrícolas que se lleven a cabo; puede perfectamente darse el caso que los cultivos transgénicos, al reducir el empleo de fitosanitarios, provoquen bastantes efectos positivos y alguno negativo en los componentes del ecosistema agrario . Al fin y al cabo los ecosistemas funcionan de una manera parecida a la economía: todo está interrelacionado, y cualquier alteración puede tener (o no) un efecto (positivo o negativo) en sus integrantes.
 


 El maíz (Zea mays L.) es el cultivo que tiene el mayor número de eventos GM (digamos "variedades" con uno o varios genes modificados) y es el segundo cultivo con mayor adopción tras la soja. En 2018 se hizo un metaanálisis sobre la literatura científica generada desde 1996 a 2016 (20 años nada menos). Los resultados mostraron una fuerte evidencia de que el maíz GM daba mejores resultados que sus equivalentes convencionales respecto al rendimiento y la calidad del grano - particularmente mostraban una menor presencia de micotoxinas, lo cual es francamente positivo desde el punto de vista de la salud. En general, los organismos no objetivo no se veían afectados salvo un grupo de bichitos que parasitan al taladro del maíz: al matar a la plaga objetivo los pobres bracónidos iban detrás. También mostraron que la descomposición de biomasa en el suelo era mayor en el maíz GM. Fuente: Syngenta.


Estudiar ecosistemas no resulta fácil y tampoco se percibe como vital en nuestra sociedad. Para colmo el interés por saber más acerca del posible impacto se encuentra con otras barreras en el camino. Por una parte no es fácil acceder a material vegetal o datos moleculares que permitan llevar a cabo investigaciones independientes. Y por otra, es importante considerar quién lleva a cabo los estudios, ya que el sesgo de financiación es lo suficientemente relevante. Y esto no lo digo yo, sino los autores del ensayo antes citado cuyos informes se usan como referencia en la página de Bioseguridad ligada al convenio de Diversidad Biológica (es decir, una entidad internacional en principio imparcial). 

 

Pero bueno, acabemos en positivo. A pesar de las incertidumbres se han diseñado métodos de gestión y trucos genéticos para reducir al mínimo la posibilidad del flujo de genes. Ya que no se pueden aislar completamente los cultivos GM producidos a escala comercial, se establecen una serie de indicaciones que los agricultores deben seguir de manera obligatoria entre la que destaca la de dejar zonas refugio que separen los cultivos GM de su entorno.  

 

Indicaciones que reciben los agricultores a la hora de establecer las zonas refugio. Fuente.

 

Y esto es todo. Enhorabuena a los que hayáis llegado hasta aquí. Espero haber cumplido con el objetivo, que conozcáis el estado de la cuestión: qué preocupa, porqué, que se sabe y qué se hace.

 

Otras entradas que te podrían interesar:

 

      


sábado, 27 de octubre de 2018

LA PLAGA DE UN CULTIVO QUE SE CONVIRTIÓ EN DROGA ALUCINÓGENA

¿Qué tienen qué tienen en común los Beatles, un santo medieval y ese pan alemán oscuro y pesado como un adoquín?

Este pan suele estar hecho con harina de centeno (a veces casi al 100% ), un humilde cereal que crece en suelos poco fértiles, y es capaz de soportar frio y sequía. Es muy consumido en países de Centroeuropa, Escandinavia y Rusia como ya conté en esta entrada. Pero no es mi intención hablaros de este cereal sino de un hongo con el que mantiene una estrecha relación.

Se trata del cornezuelo o ergot, un hongo normalmente considerado como una "plaga" (aunque sería más correcto decir una "enfermedad") y paradójicamente también como una fuente de ingresos.

Recuerdo que nos hablaron de esta especie como una simple anécdota en clase de microbiología, durante la carrera. Pero recientemente, en el grupo de Facebook de Agricultura Española un miembro publicó una espiga con cornezuelos claramente visibles. Se me ocurrió que podía ser un tema interesante para tratar en el blog, pero no imaginaba hasta qué punto. 


Con esta foto, y esos pedazos de cornezuelos, neblones, dentones, tizones.... comenzó todo. Fuente: Jaime Villacorta

 

Un poquito de biología

El cornezuelo o ergot (Claviceps purpurea) es un hongo parásito del género Claviceps, que incluye más de cincuenta especies. Tanto el cornezuelo como sus parientes pueden afectar a una gran variedad de cereales y hierbas, pero la víctima principal es el centeno (Secale cereale).
 

Cultivo de centeno. Es necesario que llueva o que el suelo presente mucha humedad para que el hongo complete su ciclo de reproducción y forme los típicos cornezuelos. Así, en los años o en los lugares en que se dan estas circunstancias los ataques del hongo son más evidentes. Fuente: Howard F. Schwartz, Colorado State University, Bugwood.org

 

No voy a contaros su ciclo biológico, si tenéis curiosidad podéis verlo aquí. Pero si es importante quedarse con dos o tres ideas:

1. Lo que llamamos cornezuelo, esa especie de cuernito o espolón ( de ahí el nombre "ergot" en francés) que crece en lugar del grano es una forma de hibernación del hongo. Está formado por un micelio, normalmente un entramado de células muy finas y alargadas, que se apretuja y endurece para durar hasta la siguiente primavera.

 

El micelio de un hongo "normal", de los que forman setas. Fuente

2. Cuando la espiga está madura, el cornezuelo también lo está y cae al suelo. Ahí esperará, pasando mucho frio, la llegada de la primavera, momento en el que forma unas setas diminutas que liberarán las esporas. Justo en el momento en que se están empezando a abrir las flores del centeno para captar el polen que les llega con el viento, se cuela una espora impostora que invade el ovario para formar el cornezuelo.


Las setitas. Fuente: Odile Jacquin - Own work, CC BY-SA 3.0,

3. Pero, para colmo, cuando el cornezuelo está todavía tierno en la espiga aprovecha la ocasión para generar otro tipo de esporas y a la vez provoca que la planta segregue una melaza que atraerá a bichos diversos, los cuales al final acabaran dispersando estas esporas y por tanto el hongo.


Lo mismo soy un poco friki, pero evolutivamente este hongo me parece una pasada. Recurre a dos mecanismos de dispersión de esporas, el viento, que es el mismo que utilizan los cereales a los que parasita, y los insectos, fabricando una sustancia dulce para atraerlos y que se les queden pegadas las esporas, tal como ocurre con las abejas y otros tantos polinizadores. Fuente: Howard F. Schwartz, Colorado State University, Bugwood.org
Un hongo que ha mandado gente a la hoguera, a la casa de locos y al Camino de Santiago

Una vez aclarado la relación del pan de centeno, vayamos con el santo medieval.

El cornezuelo y su toxicidad se conocen probablemente desde hace más de 2.500 años: una tablilla asiria del 600 a.C. habla de una “pústula nociva en la espiga del grano”. Pero sin duda, si hay una época en la que causó estragos fue en la Edad Media, cuando la mayoría de la población europea sólo tenía acceso al pan elaborado con centeno.

El cornezuelo, entre otros compuestos, contiene una serie de alcaloides que provocan importantes reacciones en el cuerpo cuando se ingieren en determinadas cantidades. los síntomas más comunes son alucinaciones, convulsiones, espasmos, psicosis, manías, náuseas, picores intensos, sensaciones de frío o calor intenso y vómitos. Así que os podéis imaginar que, en aquella época en la que la ciencia no pasaba por sus mejores momentos, pero sí la intransigencia religiosa, no les resultara descabellado pensar que ese pobre aldeano o aldeana que sufría de espasmos musculares, alucinaciones y delirios estaba poseído por el demonio. Y viendo que los exorcismos tenían bastante menos efecto que algunos de estos alcaloides, pues a la hoguera y asunto resuelto. De hecho, se especula con que el ergotismo (así se llama la enfermedad causada por este hongo) tuviera algo que ver en los juicios de las Brujas de Salem, que tuvieron lugar bastante tiempo después, a finales del siglo XVII en una comunidad puritana de Massachusetts (EE.UU.).

Pero volvamos a la Edad Media. En aquella época, otra de las consecuencias del consumo habitual del pan contaminado eran las necrosis y gangrenas en las extremidades, debidas fundamentalmente al efecto vasoconstrictor de las toxinas del hongo. Al ergotismo se le llamaba "fuego sagrado" , "del infierno" o " de San Antón", a raíz de una historia en la que San Antonio Abad curó al hijo de un noble, el cual decidió crear una orden religiosa, los Antonianos, dedicada exclusivamente a curar y cuidar a los afectados. Sus miembros también animaban a sus pacientes a hacer el Camino de Santiago, donde tendrían a su disposición pan de trigo candeal (limpito del dichoso hongo) y un convento-sanatorio en Castrojeríz (Burgos); un curioso ejemplo de turismo gastro-sanitario. Si os interesa el tema, en el blog de José Ramón Alonso podéis encontrar la historia completa muy bien contada


Fragmento del Retablo de San Antonio en el que un fraile antoniano atiende a los enfermos del fuego de San Antonio. MNAC (Barcelona). Tomado de aquí.
 Como curiosidad, comentar que gran parte de estos problemas causados por el pan de centeno contaminado empezaron a disminuir gracias a la llegada a Europa de la patata. Pero eso ya es otra historia, que también merece la pena ser contada. 

...hasta que se aprendió a utilizarlo.

La utilidad médica del cornezuelo en general no se conoció hasta el s. XVI gracias a un tal Lonicerus. Pero no es hasta el s. XIX cuando se empiezan a conocer las diversas moléculas que contiene, los efectos y las potencialidades de cada una.

Se ha utilizado mucho en obstetricia, para acelerar el trabajo del parto o incluso para provocar abortos, o para tratar las hemorragias post-parto gracias a su efecto vasoconstrictor. Actualmente se utiliza en el tratamiento de migrañas.
El caso es que en el s. XIX y principios del XX era una sustancia muy valorada por sus aplicaciones médicas y por tanto muy demandada. Hasta el punto de provocar episodios de "fiebre del cornezuelo" en los campos gallegos, como cuenta esta otra interesante entrada.


 Fuente Wikimedia
Resumiendo un poco, Galicia y León eran las zonas con mayor cosecha de centeno de España, y el clima favorecía el desarrollo del hongo, que al parecer era de muy buena calidad. Pero Rusia era, con diferencia, el mayor exportador mundial, y cuando la oferta rusa sufría algún trastorno serio (guerras y revolución básicamente), el precio del producto se disparaba y muchos campesinos invadían los campos de centeno gallegos para recoger los "dentones", por los que recibían una cantidad de dinero nada desdeñable. Así, el cornezuelo y sus derivados se convirtieron en una buena fuente de divisas para la economía española: incluso hubo quien, allá por el año 1943, sugirió cultivar el centeno sólo para obtener el hongo (ver este artículo de la Revista Agricultura, pag.20).

Bueno, ¿ y qué pintan los Beatles en esta historia?. La respuesta está en el LSD o ácido lisérgico, con el que estos músicos y otras muchas "celebrities" experimentaron en los años 60. Pues bien, esta sustancia fue sintetizada por Albert Hofmann, un químico suizo, cuando intentaba purificar e identificar los principios activos del cornezuelo. La farmacéutica Sandoz (hoy Novartis) empezó a producirlo en 1947, con fines médicos y la cosa se fue de madre unos años después. Hoy en día se ha retomado el interés por esta sustancia y se está estudiando su uso como paliativo en enfermos terminales de cáncer.


 Aunque mucha gente se empeña en asociar la canción Lucy in the Sky with Diamonds con el LSD (algo que el grupo negó), lo cierto es que ya en el álbum Revolver se aprecia su influencia.

 

Sobre el origen del LSD, su relación con la CIA, y la hipótesis de que estos lo probaran en un pueblo francés en 1951 (Pont-Saint-Esprit) también se ha escrito. Lógicamente no me voy a meter en ello, pero os dejo este otro enlace por si tenéis curiosidad.

El cornezuelo hoy en día

Como he podido comprobar gracias a los miembros del grupo AE en Facebook, este hongo sigue haciendo de las suyas en campos de centeno en los años húmedos.

Esto no debería preocupar a los aficionados al pan de centeno. Actualmente disponemos de los medios agronómicos y técnicos para evitar que el cornezuelo no cause ningún problema al consumidor. Si acaso pueden afectar a agricultores y ganaderos, ya que las infestaciones de este hongo causan una menor calidad y cantidad de grano y heno, aparte de que si se utiliza para alimentar al ganado, este puede enfermar o tener problemas de fertilidad.


Claviceps en Dactilis glomerata, una especie típica del pasto. Fuente: Bildoj - Own work, CC BY-SA 3.0.

Existen varias recomendaciones (podéis verlas aquí) para evitar el desarrollo del hongo y la contaminación de los granos en el campo. Los agricultores utilizan el laboreo profundo para enterrar el hongo (así no puede formar las "setitas" y se corta el ciclo) y variedades híbridas cuyas flores femeninas se abren casi todas a la vez y durante poco tiempo (las esporas tienen entonces más difícil llegar al ovario). Para evitar la difusión de esas otras esporas formadas en las espigas infectadas de especies silvestres, que pueden dispersarse gracias a las salpicaduras de lluvia, los insectos, el contacto entre espigas e incluso la maquinaria agrícola, se han de mantener márgenes libres de este tipo de vegetación en los alrededores del cultivo. También existen tratamientos fungicidas, pero no suelen ser rentables.

Los ganaderos sin embargo lo tienen un poco más difícil, ya que el hongo también ataca a varias especies de gramíneas pastables; como a los pastos no se les puede pasar el arado, se pueden manejar evitando que las gramíneas lleguen a formar espigas mediante la acción del propio ganado.


Y esto es todo. De esta historia surge una reflexión final en estos tiempos raros de quimiofobia y desinformación científica: algo tan natural como un trocito de hongo puede ser tremendamente peligroso, pero también puede ser una medicina, todo dependerá si se utiliza en la dosis adecuada. Esto lo ha descubierto el ser humano gracias a la ciencia; y la tecnología le ha permitido evitar más daños.
 

 

Otras entradas que te podrían interesar:

Sobre las características del centeno o otros cereales, y sus propiedades a la hora de hacer pan, puedes aprender en DE HARINAS Y PANES

Si te gustan las curiosidades biológico-agronómicas no te pierdas ¿POR QUÉ ALGUNOS VEGANOS NO QUIEREN COMER HIGOS?.

Hasta que escriba la entrada sobre la llegada de la patata a Europa, podéis entreteneros con EL MUNDO MULTICOLOR DE LAS VARIEDADES DE PATATAS.

domingo, 23 de octubre de 2016

¿SON LOS ORGANISMOS TRANSGÉNICOS PELIGROSOS PARA LA SALUD?

Hasta ahora he tratado los aspectos básicos, de una manera más o menos descriptiva, de los organismos transgénicos, pero ya tocaba meterse con los temas espinosos, y quizás el que más preocupa a la gente es el hipotético daño que podrían causar a la salud, al medio ambiente o a ambos.

Consciente de que me meto en un berenjenal, porque es un tema tremendamente polarizado, a esta entrada y varias de las que siguen les he dedicado un tiempo extra. Tiempo para investigar, preguntar y leer de aquí y de allá, buscando ideas y aproximaciones distintas que aporten algo más que los manidos argumentos tanto en favor como en contra de los transgénicos.

Así, aunque comience desmontando los típicos argumentos anti-transgénicos (algunos copiados literalmente), no esperéis las respuestas estereotipadas de los pro-transgénicos. De hecho, lo mismo ni siquiera encontráis respuestas, sino motivos para reflexionar.

Y como no quiero agobiaros con una entrada interminable (y eso que esta es larga, lo reconozco), voy a comenzar con las posibles afecciones a la salud, al medio ambiente ya le dedicaremos la próxima. En ambos casos, se pueden distinguir dos posibilidades: que sea el propio organismo transgénico el que cause el problema, o que el perjuicio venga por un mal uso del paquete "cultivo transgénico + herbicida", como sería el caso del famoso glifosato.

Los alimentos tienen un significado especial, nos asusta más lo que comemos que lo que respiramos, bebemos o tocamos.


¿Pueden provocar alergias?

EL MITO: Cada vez hay más gente con alergias, ¿qué es lo que ha cambiado durante todos estos años? la alimentación. Ummm, casualmente los OGM llevan unos 20 años con nosotros, ya está, ellos tienen la culpa.

Nuevos genes en nuestra dieta.

Cuando un nuevo gen se introduce en el genoma de una planta, como resultado final se produce una nueva proteína. Proteína que puede resultar completamente nueva en la dieta de un colectivo humano.

¿Eso significa que los transgénicos pueden causar alergias? Pues podría ser, pero la cosa no es tan simple y de momento no hay casos registrados por comer alimentos transgénicos destinados al consumo humano. Tampoco hay datos que relacionen la prevalencia de alergias con los OGMs.

En teoría cualquier proteína posee el potencial de desencadenar una reacción alérgica, pero afortunadamente solo ocurre cuando se dan una serie de circunstancias: que la superficie de la proteína presente una zona donde se pueden unir los anticuerpos IgE, que el sistema inmune de un individuo susceptible a ese alérgeno fabrique el anticuerpo, y que el individuo especialmente susceptible entre en contacto con el alérgeno en cuestión.

Resulta lógico pensar que, cuantas más alimentos transgénicos haya en el mercado, más gente habrá consumiendo proteínas nuevas en su dieta. Por tanto la posibilidad de que haya más casos aislados de reacciones alérgicas sería mayor. Sin embargo, asumir automáticamente que los alimentos genéticamente modificados causan alergias, así en general, no está justificado. 

Conviene no olvidar que existen alimentos genéticamente modificados a los que no se les añaden genes extraños a su genoma, sino que se anulan los genes que no interesan: es el caso del tomate Flavr Savor, la patata Innate o la manzana Arctic. Estos no tienen por qué causar problemas de alergia.


La patata Innate estaba modificada para aguantar mejor los golpes y no producir acrilamida al freírse. Lo cuento en esta entrada.


Los alimentos genéticamente modificados son los más vigilados


Para que un producto transgénico obtenga la autorización para su comercialización, debe superar estrictos controles, entre ellas las pruebas de alergenicidad. Estas prueban intentan valorar la capacidad para desencadenar una respuesta alérgica que puede tener alimento transgénico destinado al consumo humano.

Si se descubre que tiene un alérgeno potencial, sus probabilidades de ser aprobado son prácticamente nulas; esto ocurrió por ejemplo con una soja con genes de nueces del Brasil. Sólo las plantas transgénicas con una probabilidad muy baja de causar alergias pueden conseguir la aprobación de un comité científico.

¿Y que pruebas son esas? te preguntarás. En esta página las describen (en inglés) y aquí voy a citarlas simplemente: grado de similaridad con otros alérgenos, estabilidad de la proteína durante la digestión, test con muestras de sangre de individuos sensibles a las alergias y test en animales.

De todas maneras, las reacciones alérgicas resultan de complejas interacciones entre las sustancias y los sistemas inmunes individuales, por lo que no se pueden hacer evaluaciones del potencial alergénico de una sustancia con un 100 % de certeza. De momento, la única certeza es que acabe dándose tal reacción alérgica.

De todas maneras, no conviene olvidarnos que si se aplicara la misma preocupación frente a las alergias a los alimentos convencionales, en el supermercado no tendríamos ni apio, ni cacahuetes, ni huevos, ni marisco, ni un larguísimo etcétera de alimentos. De hecho, la propia OMS reconoce la diferencia "de trato" entre unos alimentos y otros: mientras que los OGMs y los alimentos obtenidos a partir de ellos son objeto de una evaluación muy rigurosa, no se llevan a cabo evaluaciones similares para los alimentos convencionales, aun considerando que las técnicas de mejora clásica para obtener nuevas variedades o los nuevos mecanismos de procesado de alimentos ya han dado algún susto que otro. Y es que la capacidad de desarrollar nuevos alérgenos no tiene por qué ser patrimonio exclusivo de los OGMs.

Imagino que esta desconfianza se debe a la novedad de una tecnología que trabaja con las bases mismas de la vida, los genes, y al miedo de que estos genes se compartan de la manera más inesperada al insertarlos en otros organismos.

Lo que nos enseñó el maíz Star Link: quizás hay que buscar en otro lado.

Un buen ejemplo que nos muestra la paradoja de esto de las alergias y los OGM es la historia del maíz StarLink. A finales de los 90 se aprobó para la venta en los Estados Unidos esta variedad de maíz transgénico, pero sólo para usos no alimentarios, ya que contenía una proteína potencialmente alergénica. Pero resultó que aparecieron en la comida (concretamente en unos tacos de maíz) trazas de esta proteína y varias personas reclamaron que habían sufrido reacciones alérgicas a ella (ya sabéis cómo son los estadounidenses para estas cosas de las demandas). Aunque no se encontraron evidencias médicas, hubo que contemplar la posibilidad de que genes que codifiquen proteínas potencialmente alergénicas "escapen" de los cultivos transgénicos y aparezcan en alimentos convencionales.


Campo de maíz en Ontario. Fuente: Syngenta Canada

Está demostrado que algunos cultivos GM son potencialmente alergénicos, y por tanto no se han aprobado para consumo humano. Ahora bien, ¿cómo asegurarnos que esos genes no van a aparecer donde no son deseados? se me ocurre que redoblando esfuerzos para evitar la contaminación genética (ya hablaré de ello en otra entrada ) y aumentando las pruebas que se hacen a los alimentos convencionales. Y no se a vosotros, pero me da que ambas medidas deben costar un dinerito.


Recopilando

Razones por las que no tienes que preocuparte en exceso; salvo que tengas la desgracia de ser especialmente sensible a todos los alérgenos habidos y por haber, y la preocupación la lleves ya de serie:

1. Apenas se han comercializado frutas y verduras transgénicas, más que nada por razones de mercado. ¿cuánta gente compraría un tomate transgénico a sabiendas de que lo es?. Si hasta McDonalds rechazó la patata Innate por razones de imagen.

2. Ya hemos visto que los OGMs siguen un proceso de evaluación de alergias bastante exhaustivo, que no se limita a los alérgenos más comunes. Y debe funcionar porque según las OMS, no se han encontrado efectos alérgicos relacionados con los alimentos GM disponibles actualmente en el mercado.

3. Prácticamente ninguno de los productos transgénicos que se utilizan te lo vas a comer : la soja y el maíz van para piensos; la colza para aceite o biodiesel y el algodón va para ropa o billetes (y creo que ya nos habríamos enterado si hubieran provocado alergias por contacto).

4. Y además si vives en la Unión Europea las probabilidades de encontrártelos son muy pequeñas; porque apenas se cultivan (ya vimos que en zonas puntuales), porque para comercializarlo es necesario que la EFSA de su visto bueno (y suele tardar en hacerlo) y porque es obligatorio advertirlo en el etiquetado, y entonces volvemos al punto nº1 (yo todavía no he encontrado un solo producto que me advierta que puede contener OGM). 


Lo normal es encontrar productos que dicen que NO tienen transgénicos, incluso aunque jamás pudieran tenerlos, como la sal. Fuente



¿Y si fuera al revés?

De la misma manera que se está trabajando en un trigo apto para celiacos, ¿nunca te has parado a pensar que la biotecnología podría conseguir alimentos no alergénicos ?.


Unos cacahuetes o cualquier otro fruto seco no alérgeno gracias a la biotecnología le harían más fácil la vida a más de una madre de niño alérgico. Fuente



¿Son tóxicos? ¿Dañan los órganos?

MITO: "Los transgénicos dañan el hígado" o "afectan a la fertilidad de los mamíferos" son argumentos frecuentes. Pero el que mejor demuestra los amplios conocimientos del autor sobre el tema (modo ironía ON) es el siguiente "la transferencia genética de ciertos seres, da lugar a otros seres tóxicos. Es decir, para hacer que un alimento sea resistente a X bacteria, se la altera para genere X toxina que la mantenga a salvo de los perjuicios de la bacteria".

En este punto entramos en el debate infinito: los promotores dicen que no hay estudios que prueben que los transgénicos sean dañinos, mientras que los detractores afirman que no hay suficientes estudios que prueben de una manera convincente que estos productos son seguros. Si realmente es esto lo que os interesa, podéis ir directamente al último apartado de esta entrada donde expongo mi opinión.

Lo que dice la OMS

Según este organismo internacional, en principio imparcial, "los alimentos modificados genéticamente actualmente disponibles en el mercado internacional han pasado las evaluaciones de riesgo y no es probable que presenten riesgos para la salud humana. Además, no se han demostrado efectos sobre la salud humana como resultado del consumo de dichos alimentos por la población general en los países donde fueron aprobados".

También dice que como cada alimento genéticamente modificado es muy distinto al resto, se debe evaluar su inocuidad individualmente, y por tanto no se puede generalizar. Recomienda el uso de las guías del Codex Alimentarius para la evaluación de la seguridad de los OGM, ya que constituyen las normas internacionales armonizadas para garantizar la salubridad de los alimentos.

¿Y en qué consisten esas evaluaciones de riesgo?. Aparte de ser bastante exhaustivas  tienen en cuenta los siguientes aspectos: efectos directos en la salud (toxicidad), potencial para provocar reacciones alérgicas, existencia de componentes específicos que pudieran tener propiedades tóxicas o nutricionales, la estabilidad del gen insertado, los efectos nutricionales asociados con la modificación genética y cualquier efecto no intencionado que pudiera resultar de la inserción del gen.

 

Pensando a largo plazo

Asi que podemos estar seguros de que los OGMs han pasado unos exámenes muy duros para salir al mercado. Pero, ¿y si luego aparece algún problema que no se supo o no se pudo detectar en su momento?. 

La propia OMS recuerda que "la base para evaluar su inocuidad debe ser el uso continuo de evaluaciones de riesgo después de la comercialización" y la propia normativa europea prevé la obligatoriedad de hacer estas evaluaciones por parte de la entidad que solicita la autorización para comercializar el OGM en cuestión. ¿Se cumple?, ni idea. Aquí se puede acceder a los estudios post-comercialización de los efectos ambientales, elaborados por las casas de semillas.


La dieta de un consumidor medio no se parece en nada a la de un ratón de laboratorio.


¿Crea bacterias resistentes a los antibióticos? 

Otra de las causas de preocupación es que el consumo de vegetales GM pueda dar lugar al desarrollo de bacterias resistentes a los antibióticos.

¿Cómo podría ocurrir esto? Tal como explicaba en mi primera entrada sobre transgénicos, aparte de meterles el gen que nos interesa se les incorporan genes de resistencia a antibióticos que sirven como marcadores, para poder comprobar que la transferencia de genes ha funcionado. Por tanto, podría existir la posibilidad de que esos genes acabaran en las bacterias del tracto intestinal mediante un proceso de "Transferencia Horizontal de Genes" (THG).

En otras palabras, que si te comieras un tomate transgénico, el gen de resistencia a los antibióticos que lleva incorporado pudiera transferirse a las bacterias que viven en tu intestino. Se sabe que la THG ocurre muy frecuentemente entre distintas bacterias, sin embargo la THG de plantas a bacterias u organismos pluricelulares (plantas, animales u hongos) se considera muy poco habitual, por lo que la probabilidad de que se dieran la transferencia es minúscula, eso en el caso de que el gen llegara intacto al intestino.

Personalmente veo más sencillo cambiar de gen marcador, que de hecho ya se hace, que de convencer a media humanidad para que utilice los antibióticos como es debido, ya que este uso abusivo ha demostrado tener un efecto no solo real, sino cada vez más preocupante en la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos.


Visto esta misma mañana en el centro de salud.


¿Es el glifosato un veneno?

MITO: "Finalmente la OMS confirma que el glifosato nos está matando"

Para las plantas si, desde luego. Para las personas, pues francamente, ni idea. Hay tal cantidad de estudios, unos dicen una cosa y otros la contraria, que una ya no sabe a qué atenerse. Pero vayamos por partes, a ver si nos aclaramos.

Más allá de Monsanto y los transgénicos

El glifosato es el principio activo de numerosos herbicidas comerciales. Lo asociamos automáticamente a Monsanto porque fue un trabajador de la compañía,  John E. Franz el que descubrió sus propiedades como herbicida en 1970. Se comercializó cuatro años después, pero despegó allá por los años 90 gracias al desarrollo de los cultivos transgénicos resistentes a glifosato, los famosos RoundUp Ready de Monsanto.

La patente del glifosato expiró en 2000, y actualmente muchas compañías comercializan este principio activo con diversas formulaciones y nombres comerciales, y para los usos más diversos: agricultura, jardinería o mantenimiento de carreteras y vías de tren limpias de maleza (para evitar incendios principalmente). De hecho no necesitas sembrar soja o maíz transgénicos para poder usarlo, en tiendas on-line, en cualquier centro comercial o en un vivero lo tienes a mano.


¿Qué es y cómo funciona el glifosato?

Es un herbicida de amplio espectro y no selectivo, es decir que no se salva ni una planta, lo mismo acaba con las de hoja estrecha (osea gramíneas), las de hoja  ancha (el resto de malas hierbas) o incluso leñosas, de ahí que se use tanto.

Lo bonitas que son y la guerra que dan cuando crecen donde no se las quiere


Es también sistémico, es decir que entra en la planta, normalmente a través de las hojas para ir migrando otras partes de la planta a hacer de las suyas. Principalmente inhibe la ruta de biosíntesis de aminoácidos aromáticos, la "ruta del shiquimato" entre otras trastadas que causan tal desbarajuste en las células vegetales que acaban muriendo.


Un poquito de humor siempre viene bien. Cuando leí eso de que algunos ayuntamientos pensaban sustituir el glifosato por una solución de vinagre (bueno realmente de ácido acético más concentrado), no pude evitar hacer el chiste.
 
Y especifico lo de células vegetales porque es uno de los argumentos que a menudo se utilizan para demostrar su seguridad. Como afecta a una serie de reacciones químicas que sólo tienen las plantas y algunas algas, en principio no tendría por qué afectarnos. Bueno, al menos sabemos que no nos secará en cuestión de días.

Pero tampoco es una sustancia completamente inocua, tanto la materia activa como sus metabolitos se consideran generalmente productos de toxicidad baja, tanto aguda como crónica, para humanos. Y lógicamente las fichas de seguridad del producto te informan de su toxicidad, las instrucciones de manejo y qué hacer en caso de intoxicación. Aquí tenéis la ficha genérica del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo.


Sus efectos negativos: Cría la fama y échate a dormir

El glifosato ya no se puede quitar la fama de ser el malo más malvado de los todos los herbicidas, aunque los haya peores. Quizás parte de esta fama se deba simplemente a que Monsanto en su momento tuvo una estrategia de imagen corporativa y comunicación mas bien desastrosa.

Se le han atribuido varios efectos negativos: como disruptor endocrino (causando problemas de fertilidad y determinados cánceres ligados a hormonas), como neurotóxico, tóxico para diversos órganos o tejidos, y por último, casi lo que más miedo da al personal, como cancerígeno. Voy a detenerme sólo en este punto porque ilustra bastante bien los entresijos de la ciencia en estos menesteres. 

Hace no mucho la IARC, la sección de la OMS dedicada a las investigaciones sobre el cáncer, en una evaluación de cinco productos fitosanitarios organofosforados, metía al glifosato en la categoría 2A, el de las sustancias que probablemente pueden causar cáncer. Para el glifosato en concreto, los investigadores han encontrado suficiente evidencia de que puede producir cáncer en animales de laboratorio, pero esta evidencia es limitada en el caso de humanos. En base a estos resultados, metieron al glifosato en el cajón de la discordia. Enseguida varias entidades cuestionaron esta afirmación, entre ellas lógicamente los productores, porque según ellos obviaban muchos estudios, que casualmente les beneficiaban a ellos. La IARC explicó que solo se basan en datos de dominio público y disponibles para una revisión científica independiente, y que habían incluido los estudios procedentes de la industria que cumplían con esos criterios.



En este video lo explican bastante bien (en inglés claro). En resumen: lo que hizo la IARC es revisar la literatura científica disponible hasta el momento, e ir clasificándola en distintos cajones según sus conclusiones. Ganó el cajón 2A.

Mientras tanto, los lobbies anti-transgénicos arrimaron el ascua a su sardina y directamente lo han vendido como que la OMS les da la razón. El resto de productos fitosanitarios evaluados, al parecer a nadie le importan, y eso que se usan, algunos incluso en la casa y el jardín.


Un nuevo actor entra en escena

Por si fuera poco, ahora resulta que se ha descubierto que alguno de los ingredientes de las preparaciones comerciales del herbicida, concretamente algunos surfactantes (el más famoso es el Polioxietilenamino, POEA) puede que tengan efectos negativos por si solos o que agraven los causados por el glifosato.

Estos surfactantes son una especie de "detergentes" que ayudan a las gotas de agua que transportan el glifosato a quedarse pegaditas a la hoja, de manera que el producto pueda entrar mejor. Si no se utilizaran haría falta más cantidad de glifosato para conseguir el mismo efecto.

El problema es que estas sustancias al formar parte de los componentes inertes, algo así como los excipientes de las medicinas, se han mantenido hasta hace poco fuera del debate.  

Ficha técnica del herbicida RoundUp Plus, tomada de la página de Monsanto. Estas fichas ofrecen toda la información técnica relativa al herbicida y su manejo seguro. Pero sobre los componentes inertes o surfactantes no suele haber información, imagino que porque cada fabricante tiene su "fórmula secreta", que les hace mejores que el resto de preparaciones comerciales de herbicidas.

En resumen

Ni recurriendo a mis fuentes de información oficiales de referencia me queda del todo claro el asunto.

Mientras que la IARC toma en consideración (entre otras evidencias) las situaciones en las que se utilizan las preparaciones comerciales de glifosato, la EFSA se limita a estudiar cada molécula por separado y emite su dictamen. Por cierto, esta entidad no considera que el glifosato pueda ser genotóxico o que pueda suponer un riesgo de cáncer en humanos. Respecto a la toxicidad en general, al menos ha establecido por primera vez umbrales de toxicidad, tanto para los operarios como para los consumidores. 

Así resulta difícil separar la toxicidad del glifosato puro del efecto de otras sustancias químicas presentes en las preparaciones comerciales, como los surfactantes, de las que no se sabe cuánto o cómo contribuyen a la toxicidad total. Se sabe que el glifosato causa problemas en roedores de laboratorio, pero falta información sobre los efectos de las dosis que puedan estar recibiendo las personas en situaciones reales.

De nuevo surge la misma idea: además de costosas y rigurosas pruebas previas a la autorización de las preparaciones comerciales, hace falta un buen control posterior de lo que ocurre una vez el producto se utiliza en el campo de manera habitual.


Una historia curiosa la del Glifotest. Un dispositivo similar a un test de embarazo, que sería capaz de detectar presencia de glifosato, de manera totalmente casera, en el agua o diversos productos. La idea surgió de unos profesores de genética en la Universidad de Buenos Aires, a raíz de que unos investigadores encontraran este herbicida en algodón, gasas, hisopos, toallitas y tampones, y lo que iba a ser un trabajo de prácticas para los estudiantes se convirtió en proyecto de negocio. La idea es que sea capaz de detectar concentraciones que sean perjudiciales para la salud (las encontrados en los productos de algodón estaban en muy bajas concentraciones, según la OMS no perjudiciales). Lo más gracioso del asunto es que el mecanismo de detección se basa en ¡¡ bacterias modificadas genéticamente!!. De momento sigue en fase de proyecto.                           ¿Llegaremos a verlo? se aceptan apuestas. 

 
Sobre la carta de los premios Nobel, la crisis de credibilidad y la búsqueda del riesgo 0. 

Posiblemente hayáis oído hablar de la famosa carta firmada por más de cien premios Nobel, en la que "regañaban" a Greenpeace por rechazar todo tipo de alimentos transgénicos. Nada menos que 110 premiados y la opinión de 276 instituciones científicas, basándose en más de 2.000 estudios científicos (aquí tienes una base de datos para consultar estudios sobre el tema), han llegado a la conclusión que "los alimentos transgénicos no presentan un riesgo mayor para el consumo humano y el medio ambiente respecto al alimento convencional".

Toda esta cantidad de científicos (laureados o no) y de estudios ¿debería bastarnos?. Y es que, otro de los mantras que se repiten hasta la saciedad desde el bando de los pro-transgénicos es el del consenso científico. Pero quizás, este consenso no sea tan amplio como nos quieren hacer creer, ya que existen grupos de científicos críticos o escépticos tanto en Europa como en EEUU.

La falta de consenso no significa directamente que haya científicos en contra de esta tecnología ni que los transgénicos sean peligrosos. Simplemente que algunos científicos, quisquillosos ellos (como debe ser), cuestionan la validez y representatividad de algunos estudios, especialmente los que arrojan resultados descaradamente positivos, porque los experimentos no estén bien diseñados, porque sean a corto plazo, por no estar bien interpretados, por estar financiados por la industria productora, etc.

Pero claro, al ciudadano medio, que apenas sabe lo que es un organismo transgénico, los intríngulis del método científico le suenan a chino. Si me pierdo hasta yo, que soy de ciencias. Tanto los pro-transgénicos como los anti transgénicos citan una y otra vez a los científicos y sus estudios pero al final, como no sabes a quien creer y ves conspiraciones por todos lados, acabas por no creer a nadie, o quedándote con la conspiración que más te convence o que mejor te han vendido.

¿Qué hacer entonces?, ¿qué pensar?. En la editorial de un especial sobre OGMs de la revista Nature dan una buena pista: en esto de los cultivos GM, una buena medida de la falacia de una declaración es la convicción con la que se expresa. Y es que ya lo decía Voltaire, "La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda".

Los transgénicos están aquí para quedarse, y sabemos que no hay manera de eliminar totalmente el riesgo que pueden suponer para la salud o el medio ambiente, de la misma manera que montamos en avión, en coche o en bici sabiendo que podemos tener un accidente. Ya no nos queda otra que hacer el camino juntos, pero mientras avanzamos es perfectamente lícito, y necesario, pensar en los problemas que pueden ir dándose y crear una especie de red de seguridad en forma de conocimiento científico (del bueno) que nos proteja.  



Principales fuentes utilizadas para la elaboración de esta entrada:



OTRAS ENTRADAS QUE PUEDEN INTERESARTE