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lunes, 26 de septiembre de 2022

MANERAS DE APOSTAR POR LA PRODUCCIÓN ECOLÓGICA: DINAMARCA VS SRI LANKA

Este verano he tenido la suerte de conocer aspectos de la agricultura y ganadería danesas durante el congreso anual de periodistas agroalimentarios (IFAJ) y una de las cosas que más me ha llamado la atención es la decidida apuesta por la producción ecológica que ha hecho este país. 

 

 

Iba a escribir una crónica al uso, pero me topé con este texto sobre la debacle sufrida por Sri Lanka una vez sus autoridades decidieron pasarse a este tipo de producción. Y me pareció curioso comparar ambas situaciones. Muchos diréis, con razón, que es una comparación fácil e injusta, de primer contra tercer mundo, de naciones científicamente desarrolladas contra otras que quizás no lo están tanto, etc. Pero también me parece injusto que se critique la producción ecológica en su conjunto, solo porque los dirigentes de un país optaran por ella de una manera tan rematadamente absurda. Mi intención es, simplemente, identificar lo que funciona y lo que no.
 

¿Qué ocurrió en Sri Lanka?


Lo primero de todo es daros contexto, y para ello, voy a resumir lo que cuenta este artículo. Por si alguien no se ha enterado, resulta que este invierno Sri Lanka tuvo que parar su apuesta  para convertir toda su producción agrícola a ecológica, debido a la crisis económica y humanitaria que estaba atravesando el país.

 

Primero, pongámonos en situación. En Sri Lanka la agricultura y la alimentación constituyen una parte bastante importante de los ingresos y del empleo: el 25% de la mano de obra del país (unos dos millones de personas) se dedica al sector agrícola y sus pequeños agricultores son los responsables de alrededor del 80% del suministro nacional de alimentos. El principal es el arroz y hasta hace nada eran más que autosuficientes, principalmente gracias a la Revolución Verde.
 

Campo de arroz en Sri Lanka. Imagen de Imagen de vined mind en Pixabay

Por si en su momento no estudiasteis este pequeño pero importante (por todo lo que ha significado) episodio de la historia contemporánea os lo resumo: la Revolución Verde fue una iniciativa mundial para aliviar la desnutrición en las naciones en desarrollo que se puso en marcha en la década de 1960. Básicamente se trataba de impulsar la producción agrícola utilizando variedades muy mejoradas de los cultivos tradicionales. Para que estas variedades mostraran todo su potencial era necesario recurrir a técnicas de cultivo modernas para la época: utilización de fertilizantes sintéticos y productos fitosanitarios (el famoso DDT es de esta época) junto con la mecanización de las labores agrícolas.
 

Teniendo en cuenta que la mayoría de esos pequeños agricultores esrilanqueses (ceilandeses también vale) no podían permitirse comprar los fertilizantes químicos, el estado tenía que subvencionarlos hasta casi el 90%. Pero como Sri Lanka no produce fertilizantes químicos pues tiene que comprarlos fuera, ¿y quién subvenciona al país? Exacto, prácticamente nadie. Préstamos, los que quisieran. Y mientras pudieran tirar adelante de esta manera, ningún político se atrevía a cortar por lo sano.
 

Los resultados de la Revolución Verde fueron evidentes: los rendimientos agrícolas aumentaron sustancialmente (y por tanto el nivel de seguridad alimentaria) y las exportaciones de té y caucho permitían equilibrar algo la balanza comercial. Pero tiempo después algo oscureció este éxito. A mediados de los 90, muchos agricultores del norte de la isla comenzaron a sufrir la Enfermedad Renal Crónica de Origen Desconocido (CKDU en inglés), una epidemia que ha surgido en varias partes del mundo. De momento no hay evidencias que apoyen al 100% la hipótesis de que los fertilizantes o los plaguicidas son los responsables, más bien se cree que es una enfermedad ocupacional en la que pudieran influir también otros muchos factores (un trabajo muy intenso en condiciones de calor extremo entre otras). Pero una vez la sociedad encontró al culpable perfecto y empezó a ganar adeptos la idea de una agricultura "más sostenible". Esta idea formaba parte de los postulados de un movimiento de la sociedad civil, que apoyó como candidato al futuro causante del desastre, el expresidente de Sri Lanka, Gotabaya Rajapaksa. Gotabaya, en consecuencia prometió hacer la transición a la agricultura ecológica durante un período de 10 años durante su campaña electoral de 2019.

 

En estas llega la pandemia primero y la invasión de Ucrania después. Sin ingresos por el turismo, con más gastos por causados por el Covid y el encarecimiento de los fertilizantes, la cosa se pone bastante fea. Rajapaksa gana las elecciones y, contrariamente a lo que suelen hacer los políticos, se da prisa en cumplir su promesa, demasiada prisa: impone una prohibición a nivel nacional sobre la importación y el uso de fertilizantes y plaguicidas sintéticos. Esto implicaría que los 2 millones de agricultores del país tendrían que volverse ecológicos de la noche a la mañana. En su cabeza debió parecerle una idea fabulosa ya que le permitía matar dos pájaros de un tiro: mejoraba la balanza económica exterior y al mismo tiempo recortaba un gasto tremendo en subsidios. ¿Porqué esperar 10 años cuando podían hacerlo ya? Por si fuera poco, nuestro protagonista tenía algunos "asesores" dándole la turra con el tema sin parar, que posiblemente irían vendiendo la burra de que exportando productos ecológicos podría ingresar más dinero en las arcas, cuidando además la salud de sus conciudadanos, ¿qué podía salir mal?.


La agricultura ecológica no es algo completamente nuevo en Sri Lanka. Hay cultivadores de té por ejemplo que llevan años haciéndolo, pero a pequeña escala y llegando a un nicho de mercado muy pequeño. Imagen de jürgen Scheffler en Pixabay 

Imagino a los agrónomos de Sri Lanka y de medio mundo llevándose las manos a la cabeza e intentando advertir a quien les escuchara que los rendimientos agrícolas caerían sustancialmente. Pero nadie, al menos nadie con poder, hizo caso a los expertos. La experiencia en Bután demostraba que el paso a una producción 100% orgánica, incluso con años de planificación, era inviable. Sri Lanka es una pequeña isla que no puede producir suficiente fertilizante por sí mismo. No disponen de tierras suficientes como para albergar los animales que deberían generar el estiércol suficiente como para subsanar el déficit de abonos químicos, y tampoco quedarían suficientes tierras cultivables como para compensar la menor producción que caracteriza a la agricultura ecológica. Obviamente, el país tampoco disponía ni de normativa reguladora ni de personal capacitado para montar desde cero todo un sistema funcional de producción ecológica: aquel que establece qué se puede utilizar, qué prácticas están permitidas y cuáles no, cómo se inspecciona, cómo se certifica para exportar en condiciones; vamos, unos pequeños detallitos de nada...
 

Obviamente salió mal todo. Rematadamente mal. Vamos, que les salió el tiro por la culata: la producción nacional de arroz cayó un 20 % en los primeros seis meses. Sri Lanka, durante mucho tiempo autosuficiente, se vio obligada a importar arroz por valor de unos 450 millones de dólares. Esto aumentó aun más la ya disparada deuda exterior y subió el precio del cereal en el mercado interno, como ocurrió con otros productos básicos y el combustible. Siete meses después de que comenzara la prohibición, el gobierno de Sri Lanka tuvo que dar marcha atrás para permitir la importación de fertilizantes sintéticos sólo para los cultivos de exportación clave, como el caucho, el coco y el té, ya que son una fuente fundamental de divisas. Pero el daño ya estaba hecho, el colapso económico del país abrió la veda de las manifestaciones y el causante de todo este estropicio acabó huyendo por la puerta de atrás. Esperemos que el nuevo gobierno sea capaz de reconducir el desaguisado.
 

Recopilando, tenemos: una limitación evidente de espacio, dependencia sobre un factor productivo (abono), una situación de endeudamiento previa, una demanda social, intereses particulares en juego tanto políticos como económicos junto con ninguna disposición a contar con los expertos que pudieran contribuir a una transición realista a la producción ecológica. En definitiva, no fue la agricultura ecológica la que provocó el problema, sino una decisión muy mal tomada, en la que esta era la principal protagonista, que agravó aún mas una situación ya mala de por sí.
 

El modelo danés
 


 

Reconozco que, tras varios días viajando de un punto a otro del país, más de una vez me pregunté cómo se las apañan para que todo parezca tan bonito y perfecto, los daneses son tan eficientes, amables y hospitalarios... Las encuestas los sitúan como uno de los pueblos más felices del mundo, y según cuentan puede deberse a que básicamente no conocen la corrupción, tienen un alto nivel de confianza en las autoridades, en su sistema social, en sí mismos y los que le rodean. No cuento esto por pelotear, ya veréis por qué.
 

Vamos a poner en contexto ahora la agricultura danesa (que obviamente es difícilmente comparable a la de Sri Lanka). Es también un país pequeño, una península en su mayor parte y con una superficie algo menor que Sri Lanka (unos 20.000 km2 menos). Podría decirse que dos factores limitantes a su producción agraria son las horas de sol y la gran extensión que ocupan los suelos arenosos.
 

Hasta la Segunda Guerra Mundial, la agricultura danesa se caracterizaba por numerosas granjas, grandes y pequeñas, en las que se combinaban cerdos, vacas lecheras y cultivos. Una vez termina la contienda, gracias al famoso Plan Marshall llegaron a Europa alimentos, combustible y maquinaria que ayudaron a poner las bases de un desarrollo tecnológico que iniciaría una serie de cambios estructurales. Aquí también llegó la Revolución Verde y los rendimientos aumentaron significativamente gracias al uso de los fertilizantes y productos fitosanitarios. Y los agricultores y ganaderos también recibieron, y siguen haciéndolo, subvenciones, en forma de Política Agraria Común desde que el país pasó a formar parte de la Unión Europea. La PAC tiene sus cositas y no es en absoluto perfecta, pero ha supuesto un marco común para el sector agroalimentario, una orientación y una manera de trabajar que podríamos considerar seria, o al menos independiente de las veleidades de los políticos que gobiernan cada país. Otro aspecto a tener en cuenta es que, en el parlamento danés hay dos bloques principales, rojos y azules, pero,¡ oh envidia cochina!, hay una gran tradición de colaboración entre ambos.
 

¿Sabías que la capacidad productora de alimentos de Dinamarca les permitió eludir durante un tiempo las tremendas exigencias de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial? Aquí puedes descubrir la historia.

Vayamos al grano. La preocupación sobre la sostenibilidad de su agricultura también terminó llegando al pueblo danés, de hecho lo hizo de una manera bastante temprana. En 1987, Dinamarca se convirtió en el primer país del mundo en introducir reglamentos para la producción orgánica, y lo hicieron basándose en la legislación agrícola y alimentaria que ya tenían. Junto con la normativa, el gobierno introdujo una gama de subsidios para motivar a los agricultores daneses a pasar a la agricultura ecológica.
 

Pero las leyes y el dinero, aun siendo importantes no lo son todo. Y aquí es donde entra la personalidad danesa: la cultura de colaboración entre empresas, universidad y autoridades ha proporcionado una base sólida para el crecimiento de la agricultura en general y la ecológica en particular. El sector agrícola ha tenido desde siempre sus propios servicios de asesoramiento para ayudar a los agricultores a implementar los nuevos conocimientos lo más rápido posible. Este servicio se prestaba desde las asociaciones locales de agricultores y desde 1971 se complementa con una entidad nacional denominada SEGES. Los agricultores y ganaderos, por su parte aportan su granito de arena cediendo parcelas o abriendo las puertas de sus establos para permitir el trabajo de los investigadores.
 

Un buen ejemplo de esta cultura colaborativa lo pude comprobar en la granja Haalgard, donde se está llevando a cabo un estudio comparativo sobre los efectos de la agricultura convencional, el no laboreo y la agricultura de conservación. Este estudio, realizado por Syngenta en colaboración con SEGES, pretende obtener más información sobre cómo diferentes sistemas agrícolas influyen en la salud del suelo. De esta manera se obtiene conocimiento científico, es decir datos concretos y demostrables, que permiten respaldar la transición gradual a una agricultura ecológica o al menos más sostenible, y sobre todo convenciendo a los propios agricultores.

¿Sabías que Dinamarca tiene la granja de leche ecológica más grande de todo el mundo y el principal matadero de cerdos ecológicos?
 

De la misma manera que el movimiento cooperativo ha desempeñado un papel importante en el desarrollo de la agricultura danesa desde 1882, también ha permitido el progreso de la producción ecológica hasta el punto de que hoy en día está completamente integrada en la industria alimentaria danesa. Habrá quien diga, con cierta razón, que al hacerse demasiado grande se pierde la esencia de lo ecológico. O que para lograr unos altos estándares de seguridad alimentaria, trazabilidad, calidad e incluso sustentabilidad ambiental hace falta trabajo y dinero. Y así es, pero también es la manera de abrir mercados y conseguir un alto valor añadido por tus productos. Así funcionan las cosas y esta parece ser la apuesta del sector agroalimentario danés.
 

¿Sabías que a pesar de su tamaño, Dinamarca es el país con mayor tasa de exportación de alimentos de toda la UE?.Su industria agroalimentaria gira en torno a las cooperativas, 45 son poquísimas en comparación con España, pero hay varias que son directamente grandes multinacionales de gran peso en la UE y el resto del mundo, sobre todo de leche y carne de porcino.
 

 

En esta granja ecológica las cerdas y sus lechones viven al aire libre en sistema de camping . Una especie de versión Lego de una dehesa española. Los cerdos los venden a una cooperativa - Friland - que los manda a su vez al mercado estadounidense donde se demanda una carne sin antibióticos y con altos estándares de bienestar animal.
 

¿Sabías que uno de cada tres huevos que se consumen en Dinamarca los ha puesto una gallina criada en ecológico?

 

Hemos hablado de exportar ecológico, algo que también sabemos hacer bien en España, pero ¿y el consumo interno?. Allí los productos ecológicos suponen un 13% de la compra de alimentos (principalmente huevos y verduras) frente al 2,48% de todo el gasto en productos alimentario ecológicos de los españoles en 2020 por ejemplo. El clima de Dinamarca es el que es y suele resultar inevitable importar ciertos productos. Eso sí, ecológicos (españoles) y de calidad a ser posible.
 
 

En la granja lechera ecológica Krogsminde comprobamos la importancia del factor tecnología. El estiércol está muy bien como abono e incluso como fuente de energía. Con suficiente ganado concentrado en un espacio y con la ayuda de un bioreactor (parcialmente subvencionado) es posible transformar el estiércol en energía y abono. Una nueva versión de una explotación de ciclo "casi cerrado" en la que los ingresos se reparten de la siguiente manera: 50 % cultivos, 35% energía, 15% vacas.
 

En conclusión
 

Es curioso como la producción agrícola llamémosla orgánica es importante para la población de países en extremos casi opuestos en cuanto a riqueza de sus habitantes. Por una parte tenemos los millones de agricultores en todo el mundo que hacen lo que pueden con lo que tienen, situándose en esa fina línea que separa la “agroecología” de la pura agricultura de subsistencia. En el otro extremo, tenemos a ese pequeño reducto que, por decisión propia, produce una cantidad limitada de alimentos mimados hasta el extremo, mas o menos con las mismas herramientas que los agricultores pobres, pero sabiendo que les pagarán casi lo que pidan. A veces, el "truco" no está en cómo produces sino dónde y para quien lo haces. Ah, y también cómo lo vendes.
 

Pero, ¿y qué ocurre con todos esos productores que se encuentran en medio de esos dos extremos y quieren vivir de producir alimentos de una manera distinta a la que se ha hecho durante los últimos 60 años? (o no les queda otra opción). Hemos hablado de Revolución Verde, de una clase política buena o mediocre, de economía, de opinión pública, de apuestas más o menos arriesgadas, de valorar el conocimiento...pero creo que el ejemplo danés nos aporta el concepto clave: colaboración. Una palabra que deberíamos grabarnos en la cabeza, e intentar aplicar en la medida de las posibilidades de cada uno. 




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Las ventajas de la colaboración entre universidad y sector privado en el ámbito agroalimentario no es ninguna novedad, ya os lo conté en estas dos entradas:
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martes, 8 de febrero de 2022

ABECEAGRARIO: CARGA GANADERA Y UGM

En esta entrada del abeceagrario vamos a hablar de dos conceptos por el precio de uno, que no se diga que somos generosos. Pero es que están tan relacionados que tienen que ir juntos, "como uña y mugre".
 

La carga ganadera es un concepto muy importante en ganadería ya que nos indica la cantidad de animales que debe haber en un espacio determinado.
 

Porque si, aunque nos pudiera parecer que un prado verde de apenas una hectárea podría dar de comer a dos vacas y/o un caballo y/o tres ovejas y/o dos cerdos... pues las cosas en la realidad son más complejas. Las plantas que crecen en un prado tienen una capacidad limitada de crecer si son cortadas y pisoteadas una y otra vez, por no hablar de la climatología de la zona y de lo que come cada animal.
 

Así, la carga ganadera es la cantidad de ganado que puede alimentarse de un pasto. Normalmente se refiere a una superficie y a un periodo de tiempo determinado.
 

¿Hierba fresca todo el año?

 
En primer lugar hay que tener en cuenta que la capacidad de un terreno para proporcionar alimento depende de muchos factores naturales: el clima, el relieve, el tipo de suelo y de vegetación. Por si fuera poco, el clima y su influencia en la cantidad de material vegetal disponible cambian a lo largo del año, al menos en nuestro clima mediterráneo. Para saber la cantidad de alimento disponible para los animales existen métodos directos que dan resultados muy precisos pero cuesta mucho realizarlos y métodos indirectos que estiman de la producción de pastos en base a una serie de parámetros o variables (temperatura, precipitación, evapotranspiración, etc., cobertura o altura de la vegetación, etc.) que influyen en la producción forrajera y que posteriormente se incorporan a modelos matemáticos. Estos últimos son más operativos, no se alejan mucho de las estimaciones obtenidas mediante métodos directos, y lo más importante, tienen con un coste relativamente bajo. 

 

Una vez conocemos lo que las plantas de nuestros pastos son capaces de ofrecer conviene estudiar las necesidades de los animales que vamos a meter. Porque estaréis de acuerdo que no es lo mismo meter una oveja que una vaca, una gallina que un caballo porque requieren distinta cantidad de alimento, aprovechan distintas fuentes e incluso tienen un efecto distinto en la vegetación según su manera de comer la vegetación.

 

La vaca usa su lengua para agarrar un manojo de pasto y luego arrancarlo con los dientes, por tanto tiende a pastar más indiscriminadamente.


 

Sin embargo, su boca más pequeña y su labios móviles permiten a las ovejas pastar más selectivamente y a mayor profundidad que las vacas. Un equipo de varias ovejas es capaz de mantenerte a raya el prado para que puedas jugar al fútbol.


Aunque las cabras son selectivas con lo que comen, no le hacen ascos a las partes más altas (espigas) y fibrosas (tallos y ramillas) de las plantas. La de esta foto se lo ha tomado de manera literal.

 

¿Qué significa UGM?
 

Para solucionar este problema se desarrolló el concepto de Unidades de Ganado Mayor (UGM) como unidad de referencia. Una UGM equivale a una vaca o un caballo adultos y el resto de animales se comparan con estos mediante un coeficiente. Puedes verlos en esta tabla.

Por ejemplo, una cerda con lechones de hasta 6 kg. son 0,25 UGM, o lo que es lo mismo un cuarto de vaca. Fuente: Keith Weller, USDA Agricultural Research Service, Bugwood.org


Una gallina ponedora equivale a 0,005 UGM. Aunque quizás sea más fácil verlo así: 200 gallinas ponedoras equivalen a una vaca. Fuente: Shutterstock

 

Así puede decir que las UGM constituyen una forma indirecta pero más ajustada de expresar el tamaño de la granja: hablar de una granja de 5.000, 10.000 o 20.000 cabezas no nos da una idea exacta de su tamaño, porque no es lo mismo en absoluto que esas cabezas sean de vacas lecheras o de gallinas ponedoras.
 

Las UGM permiten estimar de una manera más amplia el impacto de cada animal en su entorno. No sólo la cantidad de agua y comida que consume sino los excrementos que genera. Por esta razón la normativa recurre a este concepto para fijar un máximo número de animales que se pueden tener en una explotación en función del terreno disponible: ya sea por la capacidad de este para alimentar a dichos animales de manera extensiva o para asimilar como abono los purines o estiércol generados por animales alojados en granjas intensivas cercanas.
 

Otro concepto relacionado que utiliza la administración es el Coeficiente de Admisibilidad de Pastos. No es un método indirecto para conocer la capacidad de la vegetación para dar de comer a un rebaño, pero suele ser muy importante para los ganaderos ya que se utiliza para calcular las ayudas de la PAC.


En función de la información que aportan las imágenes del SIGPAC (pendiente y actividad de la vegetación principalmente) obtenidas por teledetección (por satélites, vamos) se aplica este coeficiente para calcular lo que se considera como superficie pastable admisible sujeta a recibir ayudas de la UE. Fuente.

 

Hasta 2018 daba grandes quebraderos de cabeza, ya que por ejemplo la UE no admitía que las dehesas - superficies que combinan arbolado y pasto - fueran aprovechables por el ganado, por lo que sólo se recibía ayuda por la superficie declarada que no tuviera árboles o arbustos. Afortunadamente se pudo convencer a los socios europeos de que en nuestro clima mediterráneo la manera de aprovechar la vegetación por fuerza es distinta a lo que hacen en el norte de Europa.


¿A que ahora no parece tan fácil eso de hacerse ganadero y poner cuatro vaquitas en un prado, que ya se apañarán ellas como sea?.
 

 

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jueves, 1 de septiembre de 2016

QUERIDO CONSUMIDOR...

Veraneando en la costa granadina, una mañana nos encontramos a una gitana vendiendo higos chumbos (que no "chungos"). No sé si los conoceréis, son el fruto de la chumbera, un cactus naturalizado en medio mundo armado de pinchos tanto en las hojas como en los frutos.

Mientras comprábamos unos cuantos se acercó una señora que preguntó que a cuánto estaban. La gitana le contestó — "cuatro a un euro"—, a lo que la señora le contestó — "¡qué caros!". La gitana, sin cortarse un pelo, le contestó —"¡pues vaya usted a cogerlos!".

Ejemplar de chumbera (Opuntia ficus-indica). ¿Quién se anima a coger unos cuantos higos chumbos?.
 
Imagino que a muchos agricultores les gustaría ponerse en el lugar de esta gitana y decirle cuatro cosas a ciertos consumidores demasiado exigentes, quisquillosos o directamente conspiranoicos; pero como no quedaría del todo bien, tienen que conformarse con escribirles cartas.

Y de eso va esta entrada, de cartas que nos escriben los agricultores, hartos de que se cuestione, o en el mejor de los casos se ignore, su trabajo. Voy traeros dos ejemplos de autores, que aunque no son agricultores a pie de campo, están lo suficientemente metidos en este mundo como para transmitir los sentimientos y demandas de agricultores y ganaderos.


Bauer Willi


Tuvimos la ocasión de conocerle en persona gracias al Congreso de Periodistas Agrarios de la IFAJ que tuvo lugar en Bonn. Fuente: IFAJ.
 
Willi Kremer Schilling, más conocido por muchos alemanes como "Bauer Willi" (bauer es granjero en alemán) es un agrónomo de 62 años, que ha ocupado puestos importantes en la industria agraria y en la actualidad está parcialmente retirado. Desde 1983 trabaja en la granja familiar, en la que cultivan remolacha, colza y trigo entre otros productos.

En enero de 2015 escribió la carta "Querido consumidor", que fue publicada en numerosos medios de comunicación. Desde entonces es un invitado frecuente en programas de radio y televisión, ha escrito un libro y publica diariamente en su página www.bauerwilli.com (solo disponible en alemán, una lástima). 




La carta en cuestión la podéis leer aquí, pero está escrita en inglés. Así que os haré una traducción libre y (muy) resumida de los principales puntos que trata.


Lo quieres todo, pero lo quieres barato. Reclamas comida libre de OGMs, sin gluten, sin lactosa, etc, y con la menor cantidad posible de fertilizantes, o si se utilizan deben ser orgánicos, pero no deben oler mal, y nada de aplicarlos cerca de donde vives. Pides la luna, amigo (esto último es cosecha propia).

Quiero tener una vida normal, como el resto de la gente: poder irme de vacaciones o pagar la universidad de mis hijos. No se puede vivir solo del "buen rollo", sobre todo si estás produciendo a pérdidas.

Me ahoga la burocracia. Estoy continuamente rellenando papeles, hasta por las cosas más nimias. Mis productos tienen que ser analizados en busca de contaminantes; por supuesto nunca encuentran nada, pero es la ley. Y al final son los escándalos alimentarios, con los granjeros de nuevo en el punto de mira, los que quedan en la memoria colectiva. En parte porque una vez pasada la tormenta, nadie se preocupa de aclarar las cosas.
 
La comida no tiene valor para tí, si no es así ¿por qué tiras tanta a la basura?.

Dices que quieres comprar local pero compras uvas de Chile, mangos de Brasil o espárragos de Sudáfrica, y las zanahorias ahí se quedan. ¿Has oído hablar de la col blanca o la de Saboya?, no, para qué, lo que tú quieres son corazones de alcachofa.

Quieres calidad, pero al final el precio es el que manda. En propias palabras del autor: "La gente habla continuamente de bienestar animal, pero la cuota de mercado de la carne ecológica en Alemania es del 1%" , "¿Cómo vamos a producirla si al final nadie paga por ella?".


¿En qué te fijas realmente, en las etiquetas o en las promociones?.


Quiero que te hagas una idea de lo que se siente estando en mi situación. Por supuesto que hay granjeros que no hacen las cosas bien, como ocurre con otros profesionales, pero en general procuramos trabajar de una manera sostenible en nuestro propio interés. No necesitamos que políticos, periodistas o burócratas (que cobran todos los meses sin correr riesgos empresariales) nos digan lo que tenemos que hacer.

Y si, somos empresarios, pero no actuamos como langostas (la plaga, se entiende) que acaban con todos los recursos que se encuentran a su paso. Me veo como el custodio de una granja, que pasará a mis hijos. Y mientras tanto trabajaré para mantenerla en buenas condiciones. No voy a irme a producir a Asia, seguiré produciendo aquí mientras pueda, y mientras me dejen.

Quizás porque la carta surgió por el enfado tras comprobar el precio que recibiría por sus patatas, o quizás porque se publicó en el lugar y el momento perfectos, el caso es que tuvo un gran éxito en la población alemana. 

En una entrevista que le hizo un periodista agrario comentó "Necesitamos llegar al corazón de nuestros ciudadanos, no solo al cerebro",  ¿creéis que lo ha conseguido?, ¿qué os parece?. En mi opinión utiliza un tono algo agresivo con el consumidor, que no tiene por qué cómo se producen todos los alimentos que compra ni cuánto cuesta producirlos. Es nuestro trabajo llegar a su cerebro y su corazón, pero con respeto.


Rubén Villanueva

Él realmente no trabaja como agricultor, pero está metido de lleno en este mundo, ya que es responsable de comunicación en la COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos ), uno de los tres principales sindicatos agrarios.

En su blog personal, "Me importa un pimiento", ha escrito varias cartas dirigidas a agricultores y ganaderos, de estos a los Reyes Magos...pero de la que quiero hablaros es  "Y sin embargo te quiero. Carta abierta de un agricultor a un consumidor".  


Rubén Villanueva en el viñedo de su padre en tierras manchegas. Según me cuenta "Conozco en primera persona las labores del campo: he sarmentado desde pequeño, he quitado hierba con un “bonito” azadón, y mis espaldas tienen acumuladas 10 vendimias enteritas de un media de 27-28 días cada una". Vamos que sabe de lo que habla. Foto cortesía del propio autor.

El oficio de periodista se nota, y con un estilo mucho más lírico viene a recordarle al consumidor las mismas verdades que Bauer Willi, pero de buen rollo. Que el agricultor está detrás de muchas de las cosas que consumimos y que quizás no valoramos lo suficiente (alimentos, paisaje rural...). Que es la legislación europea la que convierte en exigencias legales las insaciables demandas del consumidor, como garantizar el bienestar animal o proteger del medio ambiente. Demandas que resultan más caras de poner en práctica de lo que a menudo estamos dispuestos a pagar. Y para eso, muchos agricultores y ganaderos pueden recibir ayudas de la propia PAC (hay sectores que no reciben nada), pero los fondos europeos no lo solucionan todo, trabajan para una economía de mercado y vez más en más ocasiones lo hace perdiendo dinero. Por último está el clima, y la incertidumbre de mirar al cielo para ver si este año respetará mi cosecha, algo que no ha cambiado en los miles de años que tiene esta profesión.

Y no os cuento más. Leedla, que no tiene desperdicio y compartidla, porque cuanta más gente la lea mejor se entenderá la labor del agricultor y el ganadero.

Agricultura: el arte de perder dinero y trabajar 400 horas a la semana para alimentar a gente que piensa que estás intentando matarlos.
Algún día tengo que conseguir esta camiseta. Fuente desconocida.

¿Conocéis alguna carta similar?. Si eres agricultor, ¿qué opinas de estas cartas ? ¿les falta o les sobra algo?.. Anímate a dejar tu opinión en los comentarios.




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lunes, 24 de marzo de 2014

ELECTRICIDAD PARA REGAR EL CAMPO


Otro colectivo más que se echa a la calle a protestar. Menuda novedad en los tiempos que corren, a todos nos afecta la subida de la luz…Pero, como autora de un blog sobre agricultura y agricultores que soy, os debo una explicación. 



Maneras de regar



Antes que nada vamos a empezar por los conceptos básicos. Muchos recordareis del colegio que existe la agricultura de secano y la de regadío. Esta requiere gran cantidad de agua pero permite obtener cosechas mucho mayores que las de secano. Lo mismo hasta conoces, a poco que tengas plantas en el jardín o la terraza,  las distintas maneras de proporcionar a las plantas el agua que necesitan: a manta, por aspersión, por goteo.



¿ Sabías que una hectárea de regadío produce unas cinco veces y media lo que una hectárea de secano?



Un huerto regado por inundación o por gravedad. El agua se reparte entre los regantes y discurre por acequias y canales. Cada agricultor distribuye el agua que llega a sus bancales abriendo y cerrando caballones solo con la ayuda de un azadón y mucha experiencia. Fuente: http://www.huertosalboraia.es/


En el riego por superficie, el agua se deja discurrir por la superficie cultivada y, conforme avanza, moja el terreno. Se puede inundar toda la superficie de la parcela como ocurre en los arrozales o conducir el agua a través de canales como se ha hecho en las huertas tradicionalmente. Este tipo de riego requiere de mucha cantidad de agua, que se pierde en parte por evaporación, y una buena dosis de experiencia para manejarlo bien.


También se denomina riego por gravedad, ya que el agua se irá desplazando por la parcela movida únicamente por la fuerza de la gravedad. Es un tipo de riego que apenas requiere infraestructuras, pero ofrece poco control sobre el uso del agua.


El riego por aspersión imita la lluvia y crea un ambiente húmedo alrededor de las plantas, algo necesario en determinados cultivos. Para funcionar necesita de un sistema de bombeo y una red de tuberías, controlado todo desde una estación de riego dirigida por ordenador. Este tipo de riego gasta menos agua que el anterior, aunque se pierde bastante por el viento y la evaporación.

Estos sistemas de riego suponen una gran inversión económica, tanto para instalar, y mantener las infraestructuras, como para hacerlas funcionar,  ya que conducir el agua a presión para imitar el efecto lluvia a lo largo y ancho de grandes parcelas supone un gasto energético considerable.

A lo mejor te suena esta imagen si eres de los que se fijan en los paisajes al viajar. Se trata de un pívot. Un sistema de riego por aspersión que puede moverse por el cultivo. Este en concreto está regando plantas de algodón. Fuente: ARS.



 El riego por goteo proporciona el agua a la planta gota a gota, en la cantidad necesaria y justo cuando lo necesita. Comparte infraestructuras con el sistema anterior pero tiene un menor consumo de energía.  El agua circula por una red de tuberías de distintos materiales y calibre hasta llegar a los goteros, que vierten el agua directamente en cada una de las plantas. Solo hace falta aplicar presión para que le llegue a todas las plantas la misma cantidad de agua, estén cerca o lejos del pozo y la bomba.




Aquí se ve una tubería de riego por goteo. Unos pequeños orificios liberan el agua, así solo se moja la zona cercana a la raíz de la planta. Esto permite un importante ahorro de agua. Fuente: Adelardo Rodrigo / Editorial Agrícola.

Ahorrar a toda costa



Cada vez somos más conscientes de que el agua es un recurso imprescindible para producir alimentos y que hay que utilizarla racionalmente. Por esta razón, los ingenieros han desarrollado nuevos materiales, programas informáticos para gestionar el riego por ordenador o incluso el móvil, y la aplicación de sistemas de teledetección tanto para estimar las dosis de riego idóneas para cada cultivo y zona climática como para conocer la necesidad de agua en tiempo real de los cultivos existentes.



¿Sabías que el nivel tecnológico de los regadíos españoles está a la cabeza del mundo?



Esta imagen está basada en datos meteorológicos junto con los obtenidos a partir de teledetección desde satélites o aviones. Las zonas en azul corresponden a los cultivos con gran humedad, en amarillo las que necesitan riego y en naranja el suelo seco y desnudo. Fuente: ARS

Las instituciones, también conscientes de la necesidad de ahorrar agua, impulsaron a principios de la pasada década el Plan Nacional de Regadíos. Su objetivo era tanto aumentar  la superficie destinada al riego como sustituir el riego por inundación – que consume mucha agua pero apenas energía – por modernos sistemas de presión (aspersión y goteo), capaces de ahorrar mucha agua pero que suponen un mayor coste, tanto en infraestructuras como en energía.



De esta manera, poco a poco ha ido aumentando la cantidad de superficie regada, y con ella el consumo de energía, necesaria  para captar el agua de los pozos mediante bombas y para proporcionarle la presión necesaria para que llegue hasta el último rincón de la parcela de riego.



 
Olivar en riego por goteo. Gracias a cultivos como el olivar, España está en los primeros lugares del mundo en riego por goteo. Fuente: Editorial Agrícola.


Evidentemente esta electricidad hay que pagarla, al igual que lo hacen las fábricas y los ciudadanos. Y todos sabemos cómo ha ido subiendo el recibo de la luz; hoy día de media, el 40 % del dinero que paga el  agricultor por regar, va directamente a la factura de la luz. Así que, motivos medioambientales aparte, un agricultor de regadío tiene que ser eficiente, tanto al utilizar el agua como la energía. Y  aun así, puede que su negocio no esté asegurado.


¿Sabías que los regadíos son los primeros consumidores de agua del país, con el 68 % del consumo total, y los segundos demandantes nacionales de energía, sólo por detrás de ADIF?.



Regantes ahogados por el tarifazo eléctrico



Este sistema tarifario actual paradójicamente perjudica a los regantes que han hecho un mayor esfuerzo en modernizarse sobredimensionando sus instalaciones y la potencia de las bombas. Se preveía que los nuevos regadíos sí iban a necesitar más energía para funcionar bien, pero no contaban con que el precio de la energía eléctrica escalara de la manera que lo ha hecho



A nivel doméstico y para hacernos una idea, es como gastarse un pastón (planes renove incluidos) en bombillas led, electrodomésticos de clase A++ , calefacción eléctrica con acumuladores de calor y demás inventos para ahorrar energía y tener un hogar más “verde”. Considerando la infinidad de artilugios eléctricos que tenemos en casa, aún gastando poco, si sube el término fijo de la luz habrá que pagar más si o si. El reconocimiento para los que ahorran energía ni se ve, ni se espera.



Estas subidas van a suponer a los regantes un sobrecoste anual de 37 millones, y un freno bestial a la modernización de regadíos. Con las actuales tarifas, a ver quién es capaz de amortizar la pedazo de inversión que supone montar un regadío con las últimas tecnologías. En algunos casos puede incluso arruinar las explotaciones, ya que muchas zonas regables modernizadas resultan a día de hoy inviables económicamente, o incluso forzar el  cambio a cultivos de secano. El sobrecoste afecta fundamentalmente a los cultivos de interior de cereales (principalmente maíz) y oleaginosas, más dependientes de las ayudas de la PAC.



Estas subidas, que ahogan al sector agrícola en regadío, son la razón por la que se manifiestan los regantes. Proponen dos alternativas que me parecen bastante lógicas.



En primer lugar, pagar por la potencia realmente consumida y no por la contratada, algo  lógico y exigible para un ciudadano de a pie.  Volvamos a la casa “super verde”, que resulta que es sólo de veraneo:  después de la inversión hecha en bombillas led, dan ganas de tenerlas toda la noche encendidas porque “ya que he pagado X pues gasto X”. Un agricultor no tiene esa opción: a lo largo del año necesita dos tipos de potencia…mucha de abril a octubre, cuando se riega y poca el resto del año para el mantenimiento de los equipos. No va a tener funcionando el riego todo el año solo porque lo haya pagado. Y la idea de cambiar a cultivos que se rieguen todo el año, resulta más que inviable porque España no es un país tropical.



En segundo lugar solicitan una reducción del IVA. Si ya nos duele a cualquiera de nosotros, que vivimos en una sociedad dependiente de la electricidad, un IVA del 21%, que un agricultor tenga que asumir ese mismo impuesto cantidad solo para mover el agua destinada a producir alimentos, resulta cuanto menos, chocante.


Canal de riego. El regadío es fundamental en el sistema agroalimentario español, ya que aporta más del 50 % de la producción final agraria ocupando solamente el 13 % de la superficie agrícola útil. Típicos cultivos de regadío en España son el maíz, la remolacha azucarera y las hortícolas. En algunas zonas también se riegan el olivar y la vid.  Fuente:  Editorial Agrícola.




Actualización (9/10/2014). ¡Buenas noticias!:  El Gobierno introducirá en la reforma fiscal una exención del 85 % del impuesto especial de la electricidad para los regantes y una rebaja de módulos para compensarles por el incremento de los costes energéticos de 2013. Fuente: EFE agro

(22/05/2019).¡ Más buenas noticias !. Hace tiempo el gobierno aprobó un real decreto que daba vía libre a las dos tarifas de consumo eléctrico adaptadas a la actividad agrícola, aunque apenas se han empezado a aplicar. Para los que optaron por independencia que ofrecen las energías renovables, la derogación del "impuesto al sol" ha supuesto un verdadero alivio.



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En SI NO LLUEVE EN FEBRERO, NI BUEN PRADO NI BUEN CENTENO hablo del concepto de "huella hídrica" algo a tener muy en cuenta en los tiempos que corren.